El plan cultural de la democracia


La guerra y la literatura

Fogwill en la página 44 de los Pichiciegos: “Pasaban despacito los Harrier. Por el aire los iban persiguiendo inútiles manchones de la artillería antiaérea. De las alas les salían los cohetes como al tuntún, después viraban en cualquier sentido y parecían dudar moviendo la trompita hasta enfilar a su destino, la tierra, alguna parte de la tierra, parecía mentira.” 

En el siglo XX la guerra marcó la organización del tiempo. La literatura existe para retratar los paradigmas sociales y por eso es que la producción literaria que llevó el ritmo del siglo pasado (y lo que va del actual) con un gran abanico de escritores que supieron leer de un modo eficiente la agenda que propusieron las décadas, es la norteamericana. Una sociedad profundamente belicosa involucrada en casi todos los conflictos armados. Los autores de la Lost generation como Hemingway, Fitzgerald, Faulkner, hasta incluso J.D. Salinger están atravesados por los periodos de entre guerras y el miedo como eje central de sus obras. Así también como Paula Fox retrata la guerra de Vietnam en su novela Desperate characters o el mismo Jonathan Franzen en su tan aclamada Freedom aborda la guerra santa y el periodo Bush. Dos de los críticos literarios más reconocidos: Harold Bloom en su libro Western Canon como George Steiner en Language and Silence dejan en claro, analizando la obra de estos autores una cuestión: la guerra es el pathos que construye una zona valiosa del acontecimiento literario. 

La literatura argentina siempre buscó su guerra a partir de la cual leer sus mecanismos sociales y políticos y, este año, se cumple el treinta aniversario de la más cercana y a la vez más absurda. El sabor de la guerra para la historia reciente no es heroico, es ridículo. De esos dos factores -la cercanía temporal y el absurdo político- surge una tradición inaugurada, de forma inconciente, poco antes de que la guerra terminara cuando Rodolfo Fogwill escribió en seis días Los pichiciegos.


El mito de la propia guerra

Así es la historia. Fogwill  vivía en el piso diez y su madre en el piso cinco del mismo edificio. Habitualmente bajaba al medio día y a la tarde para comer con ella. Su madre veía todo el tiempo lo que la televisión mostraba sobre el conflicto en las islas del atlántico sur. Una de esas tardes que llegó de visita lo recibió con la noticia de que la armada argentina había hundido un barco británico. Y entonces Fogwill, de regreso a su departamento, escribió en una novela que ya tenía empezada “Mamá hundió un barco” y en realidad, ahí empezó una nueva novela, la que lo convertiría en uno de los escritores argentinos más reconocidos de finales del siglo XX: Los pichiciegos. La novela circuló entre periodistas y escritores, argentinos y brasileros ya en su versión final, antes de que la guerra terminara. Después tuvo su primera edición en 1983 y ya lleva más de cinco en el país, sin contar reimpresiones.  

La novela trata sobre unos soldados desertores que deciden mantenerse ocultos en las trincheras de las islas hasta que la guerra termine. Constituyen una organización de subsistencia. Se le reconocen varios méritos, entre ellos el de albergar el mito de la producción en seis días y de haberla escrito durante el suceso en cuestión: la guerra, sin contacto con los sobrevivientes, ni con las islas. Pero también soporta análisis más profundos que van por fuera de las condiciones de producción. Por ejemplo demostró que se puede escribir una novela realista a partir de la visión de los medios de comunicación y así comulgar un grotesco bélico. Varios de los personajes dan cuenta de las diferentes perspectivas de los sujetos políticos que vendrían en el futuro (incluyendo la figura de Menem). Dio cuenta del montaje político que fue la guerra, la improvisación, la precariedad, la falta de nación. Planteó una tesis de lectura social difícil de descartar a la hora de hablar de Malvinas que es la de “la guerra invisible”, el soldado que va a la guerra sin saber quién es el enemigo: uno mismo, los superiores, los ingleses, los gurkas contratados por los ingleses. Pero lo que se le reconoce en primer término es que se trata del relato mejor logrado sobre la guerra de Malvinas. La construcción realista y a la vez conmovedora de la trama, como se ve en el primer párrafo que abre esta nota, es lo que inaugura una tradición en la que muchos se aventuraron a aportar su matiz generacional o estético del asunto que llamamos Guerra de Malvinas.   


La tradición de la guerra

Una tradición literaria responde a una estética o a un tópico que se pueda reconocer como presente en un determinado corpus. A continuación la selección de algunas producciones publicadas entre 1998 y este año que abordan el tópico Malvinas. Estas publicaciones participan de una tradición que tiene casi 30 años y que exige como tal un diálogo o una discusión con el libro y el autor fundacional: Los pichiciegos de Fogwill. 

En 1998 aparece en la editorial Sigmur una edición pagada por su autor de la novela Las Islas de Carlos Gamerro, quizás la segunda gran novela en el podio de la novelística sobre Malvinas. Gamerro escribe la primera respuesta elaborada a Los pichiciegos ¿Cómo contestarle a una novela breve y realista? Con una novela extensa y de ciencia ficción. Ambientada en los noventa (precisamente en 1992, diez años exactos después de la guerra) Las Islas tiene un entramado de confusas peripecias que involucra hackers, la SIDE, el capitalismo financiero, flashbacks de la guerra de Malvinas, hipótesis para la recuperación de la islas (de acá sale el argumento para la película Fuckland, por ejemplo), espejismos. En todo caso la apuesta estética de Gamerro es proponer una nueva mirada distópica sobre la sociedad democratizada de la década menemista a partir del agujero histórico de Malvinas como punto de quiebre para el presente del texto.

En el año 2000 el poeta santafesino Edgardo Russo publicó en Adriana Hidalgo su primera novela bajo el título Guerra conyugal. En general el salto de la poesía a la narrativa en la producción de un autor suele manifestarse por la escasez de recursos narrativos y la implementación del pastiche como elemento determinante de la trama. Tal es el caso de Guerra conyugal, un libro que mezcla poemas, secuencias narrativas, cartas, testimonios, citas, relato autobiográfico; todo en el cuerpo de un libro de 200 páginas. Russo pareciera no haberse hecho la pregunta que se hizo Gamerro, más bien pareciera haber optado por hacer una bifurcación de la tradición escribiendo un texto autobiográfico que escenifica a la misma tradición. Edgardo Russo da cuenta de una realidad provinciana con respecto al acontecimiento que es la guerra recreando de forma irónica la situación de un escritor intentando escribir una novela sobre Malvinas. El problema es que plantea las mismas tesis ya planteadas por Fogwill en los Pichiciegos: el nombre Guerra conyugal habla del problema dialéctico y “carnal” entre la dictadura y la Guerra de Malvinas. Y de esta forma es absorbido por una tradición ya demarcada. De todos modos aborda dos elementos que serán retomados por el escritor rosarino Patricio Pron en una publicación siete años posterior que sí son una toma de posición con respecto al libro de Fogwill. Por un lado la aparición del intelectual, del escritor como voz crítica en la trama narrativa de la novela y por el otro la explotación de la ironía y el ridículo para abordar las zonas de la historia difíciles de asimilar y entender. 

Patricio Pron en la contratapa de Una puta mierda (El cuenco del plata 2007) da una definición generacional de lo que significó la guerra de Malvinas para los escritores de su edad: “una victoria secreta porque trajo a nuestra vidas la mentira y la sospecha, que son las únicas herramientas de un escritor”. A partir de ésta la lectura del texto está condicionada por una idea, una forma de pensar la escritura que el autor devela. Una puta mierda, novela escrita curiosamente en español ibérico, es una gran mentira. Quiere ser mentira, quiere usar la mentira y el engaño como gesto estético y político con respecto a la naturaleza del evento, a la historia misma y a las formas de pensar la ficción. La novela transcurre en la guerra de trincheras donde unos soldados novatos que sólo conocen las versiones hollywoodenses del enfrentamiento armado ven la guerra como algo sumamente extraño y sospechoso. Una guerra “rara” en la que una bomba queda suspendida y nuca cae, el enemigo es invisible, las estrategias son inviables y lo que prima es la desinformación y los mal entendidos. El valor de la novela radica en el desarrollo del humor, la parodia y el absurdo como forma de irrumpir en la tradición bélica malvinense y como forma de contestarle al realismo fogwilleano. El recurso picaresco es bien utilizado así para ridiculizar y de este modo criticar a todos los participantes de la guerra: periodistas, soldados, jerarcas, políticos e incluso a la ciudadanía. Pron, en una suerte de continuación de la tangente que plantea Russo en cuanto al canon de novelas sobre Malvinas, recrea la novela paródica mejor escrita dentro de este tópico.    

Siguiendo esta línea pero desde otra perspectiva Patricia Ratto publicó éste año, a treinta años de la guerra de Malvinas, su novela Trasfondo (Adriana Hidalgo) que se incluye perfectamente en este corpus inaugurado por Fogwill de novelas que tratan sobre el tema de Malvinas pero, a diferencia de los demás autores, Ratto, no pretende “contestarle”, si no todo lo contrario, dialogar e incluso citar, hacer intertexto.  Trasfondo es un realismo lento y tenso que a diferencia de Una puta mierda sostiene el relato a partir de fechas históricas (el hundimiento del Belgrano, del Sheffield, fechas de zarpajes). Se trata de las aventuras de unos marinos en su submarino durante “treinta y nueve días de patrulla y ochocientas setenta y cuatro horas de inmersión” que están todo el tiempo al asecho de un enemigo invisible al que intentan atacar pero siempre fallan por los desperfectos de sus torpedos, comandos y controles; y viven ocultos bajo una tenue luz artificial como unos animales. Tradúzcase animales a pichiciegos y submarino a pichicera. La novela de Ratto aporta una nueva zona de descripción que es la guerra lejos de las trincheras, la guerra de la armada, de la marina; con un lenguaje técnico que por momentos suena convincente y por momentos mal usado, pero que, en todo caso, recrea la atmósfera realista apropiada. 

La situación es la siguiente: en tanto se narre la guerra en tiempo real ya hay una versión que lo hace -Los pichiciegos- y entonces todas las versiones siguientes que se escriban sobre la guerra estarán citando, dialogando o luchando con esa primera versión. Ahora bien, hay dos excepciones. El libro de Federico Lorenz y el de Sebastián Basualdo logran saltar, con estrategias genéricas e históricas, el corralón fogwilleano porque lo que hacen es hablar del presente nacional con respecto a la guerra, no del evento guerra en sí mismo. 

Lorenz en su libro Fantasmas de Malvinas (Eterna Cadencia 2011) hace un recorrido testimonial por las Islas Malvinas y un recorrido analítico por el pasado histórico y periodístico a través de las que fueron, según su hipótesis, las tres guerras: la el fuego cruzado de las islas, la de la espera de entrar a la batalla en la Patagonia y la de los medios porteños en Buenos Aires y el resto del país. Lorenz escribe un libro de crónicas, pasajes literarios y lúcidas reflexiones sobre la historia con una pregunta como eje para pensar las Islas Malvinas en el presente histórico argentino: ¿qué es una Nación?

El libro de Basualdo Cuando te vi caer (Bajo la luna 2008) es una novela familiar de iniciación que se estructura a partir de la mirada que tiene el protagonista sobre la pareja de su madre que, un ex combatiente de Malvinas. Así como Pron introduce en el tópico Malvinas la parodia, Gamerro la ciencia ficción, Basualdo introduce un nuevo elemento que no es retórico, sino más bien histórico: escribe la primera novela que indaga sobre la vida de los ex combatientes. Si bien la novela es un relato costumbrista ambientado en el barrio de Villa el Parque durante la década de los noventa, aborda una tesis que fue planteada en un verso del poeta Martín Gambarotta: “La guerra continúa en la cabeza del ex combatiente”. Y bajo el régimen de esa tesis analiza fundamentalmente los mecanismos sociales y estatales padecidos por los ex combatientes durante la consolidación de la democracia. 

El canon sobre la novela bélica de Malvinas no está del todo definido. Probablemente cuente con dos libros -Los pichiciegos y Las Isla¬s-; todo lo demás es discutible. Cada nuevo autor que escriba sobre Malvinas propondrá una nueva lectura subjetiva y generacional que seguirá expandiendo las ramificaciones estéticas, políticas e históricas sobre un evento trágico y fallido que siempre hablará sobre los límites y alcances de la nación y, fundamentalmente, de la democracia y su plan.  


(Revista Ñ 443)

Piscinas vacías

James Graham Ballard al igual que William Burroughs es un escritor expansivo. Personas hurañas, silenciosas y resentidas que encuentran en su producción un distanciamiento de la realidad y que por eso mismo generaron obras plásticas que pueden leerse y reinterpretarse en zonas refractarias a la literatura en sí misma. 

Hay un concepto que se desprende de la psicología social que se llama resiliencia. Es bastante reciente, digamos de hace unos diez o quince años. Explicado de forma breve y simple, resiliencia es el nombre que se le otorga al factor de recuperación que tienen las personas o los grupos sociales luego de haber afrontado una tragedia. Surge fundamentalmente del estudio de las sociedades europeas de pos guerra y de los países en donde hubo grandes masacres, genocidios o catástrofes de gran impacto cultural. De una forma mucho menos psicológica y más dura, y desde una perspectiva más literaria o artística, el crítico literario conservador Harold Bloom a lo largo de sus polémicos y precisos libros plantea una tesis: las pestes generan grandes obras, o, las grandes obras necesitan de una peste. Su canon surge de las producciones de pos y entre guerras o posteriores a las tragedias de la historia pre séptica, la historia anterior a la penicilina y los antibióticos. 

Bien, estos dos conceptos traídos de áreas distintas y distantes de la interpretación se encuentran en James Graham Ballard. 

La última gran peste seguramente fue la segunda guerra mundial que generó todas las grandes producciones que sitúan a la literatura norteamericana como la más representativa, y por lo tanto imitable, de una época que se extiende hasta hoy en día y que podríamos llamarla como el fin de la modernidad. Ballard padeció la segunda guerra mundial desde Lunghua, un campo de concentración en Shangai, en el que vivió desde el 42’ hasta que Fat Man destruyó Nagasaky en 45’, bajo la custodia de los soldados Japoneses. Y ese pequeño lapso de tres años durante su infancia decantó en una gran novela que se llama The Empire of the sun y que, a su vez, explica (o materializa) un ejercicio de cicatrización o recuperación personal. 

Esta novela autobiográfica, que cuenta la vida de un niño en China durante la ocupación japonesa, ganó el premio Guardian Fiction Prize, fue llevada al cine por Steven Spielberg con un pequeño Christian Bale trepado a aviones abandonados como protagonista y, en el 2007 volvió a aparecer como nombre de una banda de música electrónica australiana que sacó un solo disco en el 2008 y se separó. 

Walking on a Dream es el nombre del disco que sacó el dúo australiano The Empire of the sun. El videoclip del primer corte, que da nombre al disco, lo filmaron precisamente en Shangai, donde se desarrolla la novela. Uno podría pensar que el nombre de la banda y la banda en sí es un simple homenaje a un libro y a una película, pero en realidad es algo un poco más complejo. A lo largo de las letras de sus canciones y de sus atmósferas sonoras espaciales, este dúo compuesto por Luke Steele y Nick Littlemore propone una lectura de la obra de Ballard. 

La obra de Ballard tiene, por lo general, dos grandes interpretaciones. Por un lado como distopía, es decir la prescripción de un mundo no ideal y por otro como novela de tesis, género que supo inaugurar Emile Zolá con la saga de Les Rougon-Macquart en el siglo XIX. En ambos casos la descripción de la realidad, para Ballard, queda representada en una imagen que él mismo se encargó de diseminar a lo largo de todos sus libros: piscinas vacías. La idea de que el progreso y el lujo no nos van a salvar de la destrucción. 

Walking on a Dream suena en una primera pasada como un disco de los ochenta o finales de los setenta, aunque sus videoclips mezclan la estética de esas épocas con una más futurista. Las letras narran situaciones amorosas desarrolladas en paisajes apocalípticos durante una nueva era espacial medievalista de héroes y heroínas con vestimentas glamorosas. Los muchachos de Empire of de sun están reconociendo, entre otras cosas, que Ballard con su cuento Terminal Beach trajo el paradigma de paisaje post apocalíptico que regiría en el cine y la literatura durante todo el siglo XX.  

James Graham Ballard poco antes de morir por un cáncer de próstata publicó su autobiografía Miracles of life. Allí cuenta su infancia, sus relaciones familiares, su forma de vincularse con la literatura, cómo trabajó en cada libro, sus participaciones en el cine. Pero en este libro quiere dejar un mensaje que vaya más allá de toda esa construcción de autor o de hombre creador que se hizo sobre su persona; Ballard quiere decir que, pese a los aportes a la cultura, a la sociología, al cine, a la ciencia ficción que se le reconocen, lo único que él trató de hacer a lo largo de su vida fue ser un buen padre. Y que, pese a la tragedia existencial que suele traer aparejado el desarrollo de cualquier vida adulta, sus hijos, para él, fueron algo así como un milagro.

(Publicado en el blog de Eterna Cadencia)

El dios, la religión y el templo

Una lectura sobre la incidencia en la cultural popular de Carlos “La mona” Jiménez

Hay una pintada popular que puede verse en varios barrios de Córdoba Capital y del interior de la provincia que dice: “Mi religión es el cuarteto, mi templo el baile y mi dios es la Mona”. El discurso de esta pintada deja entrever la constitución de una geografía, una zona de interacción donde personajes con sus historias se ven representados bajo un fenómeno cultural: el cuarteto. 


El Dios

Juan Carlos Rufino Jiménez, más conocido como “La mona Jiménez” es una personalidad de la cultura y la música popular que se manifiesta particularmente en la provincia de Córdoba y que se proyecta a distintas zonas del país. Nació el 11 de enero de 1951 y desde los 15 años, cuando audicionó para una orquesta de cuarteto llamada Cuarteto Berna, se destaca como vocalista y compositor de un género de la música latina que llamado cuarteto cordobés. A los 22 años se pasó a la formación del Cuarteto de Oro, una orquesta bastante popular en los años 70’ y recién en el retorno de la democracia con Alfonsín lanzó su carrera como solista. Para entonces, Calitos “La mona” Jiménez, ya era un personaje de la farándula cordobesa y a partir de ese año comienza la construcción de un mito viviente para la cultura popular que se expresa por una larga lista de detalles biográficos que lo convierten en un ser aparentemente sobrehumano. 

Por ejemplo su larga producción discográfica que consta de dos discos al año (en julio y diciembre) y lleva, al día de la fecha, 82 discos (sumando sus trabajos como solista y en las anteriores agrupaciones). O, que a los 21 años recibió un botellazo en la cabeza durante un partido de fútbol en la cancha de Belgrano y estuvo, por un coágulo que se le formó en el cerebro, cuatro meses inconciente hasta que revivió y por eso es que siempre lleva peluca. O que semana a semana realiza 3 shows (antes realizaba 5) y en cada recital reúne a unas 10 mil personas; lo que da como resultado un estadio Maracará repleto al mes. O que  sus bailes realiza sorteos de autos, taxis o motos y para su cumpleaños 61 sorteó 61.000 pesos entre su publico. O que desde hace aproximadamente 10 años en el mes de diciembre trabaja en diferentes oficios y trabajos (carnicero, taxista, colectivero, lustra botas) para recaudar fondos para los niños internados en los hospitales. O que inventó un lenguaje de señas para comunicarse con su público a través de sus zonas de pertenencia. Pero, probablemente, lo que lo haga más especial es el hecho que disco a disco no deja de perder vigencia e incluso no solo que no disminuye la cantidad de sus fans, sino que cada nueva generación también escucha sus canciones y lo sigue.  


La religión

La provincia de Córdoba a diferencia de otras regiones del país carece, según estudios al respecto, de su propio ritmo folklórico. Esto hasta que en 1943 (durante el gobierno del GOU) un contrabajista ferroviario con su hija pianista y un acordeonista empleado de una concesionaria de autos conformó la primera agrupación de cuarteto que hacía bailar al publico del interior de la provincia al ritmo de pasodobles, rancheras, tarantellas, fox-trots; todo el repertorio de la música traída por los inmigrantes europeos durante la gran depresión de 1930. Esta agrupación de cuarteto se llamó Cuarteto Característico Leo, aunque popularmente se le decía “La leo” y estaba integrado por Augusto Marzano en contrabajo, Miguel Gelfo en acordeón, Luis Cabero en violín y Leonor Marzano, como pianista. Lo que se le reconoce a Augusto Marzano en este contexto son dos cosas. Por un lado la invención de un ritmo mezcla de tarantella y paso doble que sería reconocido posteriormente como cuarteto cordobés (entre los músicos como tunga-tunga) y la creación de una nueva formación más reducida de orquesta típica (solo cuatro integrantes) lo que permitía una mejor disposición para las giras barriales y por el interior de la provincia tocando en clubes o festividades. Esto generó un efecto expansivo en el que aparecieron muchas bandas de cuarteto agregando y sacando detalles musicales propios de su entonación y desde entonces la ciudad de Córdoba tiene su género folklórico, aunque aún, las esferas académicas no lo reconocen. El Cuarteto Característico Leo se convirtió en una empresa familiar y continúa hasta hoy en día con los nietos de Leonor Marzano a cargo de la orquesta. 

Hasta acá el racconto histórico de la aparición de un ritmo típico regional en la provincia de Córdoba. Un ritmo folklórico que no evolucionó por el lado de los ritmos más comunes de la geografía argentina con guitarras, bailes acompasados y ornamentales; sino que se acomodó en el ala latina de la música tropical ¿Pero cómo es que éste género de aparición reciente se convirtió en algo parecido a una religión para sus seguidores? La respuesta es por Juan Carlos Rufino Jiménez, más conocido como la Mona y su irrupción en el desarrollo histórico de este tipo de música.  

La Mona inicia su carrera como solista con el disco Para toda América editado en 1984 y a partir de entonces el cuarteto cordobés acentúa un matiz no del todo definido en sus letras: el retrato de la marginalidad. Carlos Jiménez comenzó a enfocarse a la hora de componer sus canciones en su público, sus valores, sus historias, sus códigos y estructuras sociales. Y así construyó un sistema que funciona como literatura para las clases bajas. En general la clase media escolarizada lee libros porque le generan empatía. Es decir, esos libros hablan de sus problemas de clase, de sus realidades, de sus inquietudes. Las canciones de la Mona Jiménez ocupan ese lugar empático con las clases bajas y medias bajas. El cuarteto y más que el cuarteto la Mona, se convierte para sus oyentes en la representación artística filosófica autorreferencial que los incluye. 


El templo

El fenómeno de la Mona Jiménez se manifiesta fundamentalmente en la Ciudad de Córdoba y específicamente durante sus shows. Estos se realizan de forma itinerante semana a semana por distintos barrios en sus clubes o salones bailables. Los más frecuentes son el Estadio del centro en barrio Alberdi, Sociedad Belgrano en Talleres Oeste, Sala del rey en Abasto, Complejo Forja en Talleres; pero el lugar más especial, tanto para Jiménez como para su público, es el que está ubicado en San Vicente (uno de los barrios más tradicionales de la ciudad) el club Sargento Cabral. Éste club fundado el 9 de julio de 1945 comenzó siendo un espacio de recreación para los vecinos pero en los años 80’ se consolidó como el lugar elegido para el ritual del cuarteto. 

En esta parte hay varios estudios semióticos y antropológicos sobre el tema. La lingüista cordobesa Silvia Barei analiza el ritual del cuarteto como una representación carnavalezca en su libro El sentido de la fiesta en la cultura popular. Los cuartetos de Córdoba (Alción, 1993) y el académico Gustavo Blázquez hace un análisis más sociológico y lee las relaciones de género y poder en la cultura cuartetera utilizando el baile como puesta en escena de estas prácticas en su libro Músicos, mujeres y algo para tomar. Los mundos de los cuartetos de Córdoba (Recovecos, 2008).  

Sin recurrir a alegorías grecorromanas podemos aceptar que el baile llega a ser un templo para los que acercan hasta el show para participar de una pantomima colectiva y desenfrenada. Veamos que es lo que sucede durante estos eventos. 

La gente entra y se ubica en grupos. Y estos grupos, ya sean femeninos o masculinos se plantan en posturas desafiantes. Desafiantes en primer lugar frente a los policías y en segundo lugar frente a los otros grupos. La condescendencia es un tema peligroso ya que nunca se sabe qué mujer u hombre es deseado por otro y esto siempre podría generar problemas. Pero una vez que la música empieza todos bailan en sus respectivos grupos en rondas y si el baile es realmente bueno se armará una ronda colectiva. Todo ritual fomenta el espíritu de goce, por eso todos disfrutan y son felices. Pero también todo ritual tiene un desafío, donde competir y mostrar destrezas, que en este caso consiste en comunicarse con el dios o, en el mejor de los casos, alcanzarlo. Como es un desafío que implica fuerza los que lo encaran en general son hombres. Se paran sobre los hombros de los demás miembros del grupo y en la altura con el dios de frente le muestran la insignia de su zona, su barrio, con el lenguaje de señas que su dios inventó. El desafío es cumplido cuando la Mona, su dios, nombra el barrio e inmediatamente se baja y es recibido como un héroe por los demás miembros del grupo. El desafío también es superar primero el cordón policial y después el de la seguridad personal de la Mona y poder tocarlo y cantar con él una canción. Cuando el baile termina sólo queda un salón vacío y sucio esperando el próximo fin de semana que le devuelva la calidad de templo. 


La geografía

Giles Deleuze a partir de la tesis de la no-persona plantea un sistema a partir del cual analizar la obra de cualquier autor. Dice algo así como que todo artista y particularmente todo escritor, en su obra tiene que crear una ciudad con lugares, personajes y fundamentalmente historias. Deleuze habla de una lógica que es externa a la persona. Algo así como una 4ta persona. Un objeto creado y diseñado que funciona por sí solo. 

Esta tesis bien puede aplicarse al universo que representa Carlitos la Mona Jiménez en el corpus de sus canciones. Las canciones son historias que involucran a personas que viven en villas miserias y son explotadas, sujetos que están en la cárcel esperando que les llegue una carta, mujeres enamoradas de un sacerdote, relaciones extramatrimoniales más pasionales que los matrimonios mismos, incestos, abandonos, suicidios, apuestas, pérdidas, búsquedas, desapariciones, enfrentamientos. 

Juan Carlos Ruffino Jiménez, popularmente conocido como Carlitos la Mona Jiménez, construyó un paradigma sociológico a partir de la composición de canciones que reflejan una realidad subterránea de la literatura cordobesa y con la puesta en escena de su “personaje” interpretando esas canciones en vivo dio lugar a un evento performático poco frecuente en ciudades metropolitanas como la de Córdoba Capital,  al que los protagonistas, extasiados, leen bajo la tríada dios-religión-templo. 

(Ni a Palos 150)

Ocupo el 60% de mi energía en no estar donde estoy

 Entrevista a Carlos Busqued

por Carlos Godoy

  

En el año 2009 Carlos Busqued publicó la novela Bajo este sol tremendo en el sello Anagrama. En un principio el acontecimiento paso desapercibido hasta que el libro se empezó a leer y muchos lectores especializados, y no tanto, colocaron esta publicación en una zona de prestigio y culto. Lo interesante no es que Carlos Busqued, un escritor totalmente desconocido, publica su primer libro en la editorial más prestigiosa de habla hispana, ni que el libro es recibido como la pizca de originalidad y calidad que escaseaba y que siempre aporta la literatura argentina; lo importante es que la publicación de Bajo este sol tremendo (libro que en una primera versión se llamaba En busca del calamar gigante) surge una nueva bifurcación de ese relato que es la literatura argentina contemporánea. ¿De qué modo se pueden leer las preocupaciones sociales de la sociedad argentina en la literatura? Carlos Busqued nos da algunas pistas sobre eso en la siguiente entrevista.

 

Sé que estas investigando el tema OVNI en Argentina ¿Vas a escribir sobre eso?

 

No sé si escribir SOBRE eso, pero me gusta como ingrediente. Es algo que me interesó de chico, y está en el primer cuento que escribí que más o menos me pareció bien, un cuento muy influenciado por la trilogía Sin creer en nada (El instituto, Caminando alrededor y La reina de las nieves) de Elvio Gandolfo. Ese cuento termina con el protagonista viendo un plato volador, en una de esas tardes medio raras que son nubladas con colores rojos. No tenía que ver con el desarrollo de la historia, era parte del remate, pero ya estaba.

 

En mi casa, entre muchas revistas, se leía la Gente. Me acuerdo de las notas sobre oleadas de apariciones de ovnis (esto sería año `77, `78), la abducción del matrimonio Vidal (secuestrados por un plato volador en Chascomús y depositados en México). También para esa época llegó “Encuentros Cercanos del 3er Tipo” y bueno, a partir de ahí me interesé por el tema. No a nivel obsesión, nada extraño, pero me interesaba. Compraba la revista Cuarta dimensión y también los libros de Charles Berlitz. La revista Lúpin, otro de los pilares de mi infancia, también hablaba seguido del tema. Cuando una cosa te parece muy misteriosa en la niñez, me da la sensación de que siempre le vas a tener cierta sensibilidad, como algo irresuelto. Por ejemplo hace un par de semanas, en la Terminal de Ómnibus de Córdoba, estaba revisando números de saldo de Nacional Geographic, y encontré una que traía un artículo sobre un esqueleto que se encontró hace poco y que sería el homínido más antiguo del mundo. Me acordé de cuando leí en la última página del Anteojito sobre el hallazgo de Lucy, el anterior “homínido más antiguo del mundo”.  Y me compré la revista porque hablada sobre eso que yo recordaba. Y cuando en canal Encuentro pasan ese documental donde teorizan sobre las causas de muerte de Lucy, su posición social en la tribu/manada, etc., me engancho, lo ví varias veces. Y un poco lo mismo me pasa con los OVNIS. Son marcas interiores misteriosas que uno va tratando de descifrar y de entender. En los libros que editaba Cuarta dimensión recopilaban casos y reproducían escalas comparativas de ciertas naves que se habían visto. Había una que tenía el diámetro de dos Boeing 747. Era el dibujo del disco volador y el avión al lado. Impresionaba porque era algo muy grande. Muy grande. Me gustan mucho las cosas anormales.

 

 

¿Cómo pensás abordar el tema?

 

No tengo la más pálida idea, el principal problema es que en todo lo que leí del tema no hay nada que resista el menor análisis. Lo mejor que tiene la cosa es el aspecto misterioso, las posibilidades nebulosas. Cuarta dimensión publicaba fotos borrosas, y me pasaba mucho tiempo estudiando esas fotos. Hay un álbum doble de Pink Floyd que es una compilación de los dos primeros discos, se llama A nice pair, la estética del vinilo es una composición de imágenes chiquitas. Ahí había tomas de nubes raras, como trombas que bajaban del cielo pero sin violencia, mansamente. Había algo así como un samurai levitando sobre una montaña, unos cables de luz cerca de los cuales flotaban unos objetos ovoides achatados que parecían platos voladores. Quiero reproducir la sensación que tenía yo a los siete, ocho años mirando esas fotos.

 

Aparte del misterio, lo mejor que tiene este tema es alguna de la gente involucrada. A mí el tema me interesa porque es misterioso y también de drogón que soy. Pero hay gente que se toma muy en serio estas cosas cuya demostración involucra argumentos muy endebles. Una compañera de laburo tenía un novio que se mudó con la madre al cerro Uritorco porque decía que se viene el fin del mundo, que se iba a inundar todo y que a la altura que tenía la casa sobre el cerro, zafaban de la inundación. Iban a unas conferencias que daba un italiano, Giorgio Bongiovanni, un estigmatizado con las heridas de Cristo que profetiza el descajete mundial de manera bastante cercana en el tiempo, con salvación mediante amigos alienígenas. Quiero ir a Capilla del Monte a charlar con alguna gente. Ya estuve en el museo “Visión Ovni” (en Victoria, Entre Ríos, otra localidad de alta incidencia ufológica), una experiencia muy divertida. Todo el mundo te va a decir que en Capilla hay mucho loco. Gente que operativamente cambia su vida por un motivo repentino y, por lo menos, de dudosa explicación

 

 

Mi curiosidad es tratar de entender que tiene esa gente en la cabeza y, si esa curiosidad se complementa con algo de información traducible, tratar de escribirlo. Pero creo que más que cualquier evidencia, lo que hay es un deseo patológico de creer. Y a ese deseo quiero llegar, porque como te digo, creo que la cosa en sí es bastante endeble. Es todo bastante parecido a esa serie del History Channel que se llama Cazadores de OVNIs , que es de cuarta, todo es “podría ser”, nunca hay nada concreto y te das cuenta de que no hay el mínimo interés en encontrar algo concreto. En un capítulo sobre el Niño del Espacio (una calavera rarísima, deforme, que se especula sería el cráneo de un extraterrestre gris), los tipos lo muestran a cámara y dicen “no hay manera de saber si esto es o no humano”. ¡Sí, si hay, loco! Hacele un ADN, en el peor de los casos dirá que no es una estructura conocida y ahí ya tenés algo. Pero no.

 

Por eso prefiero las zonas oscuras, hay gente que, dentro de su locura, me parece sincera. El chileno Miguel Serrano, un nazi auténtico y militante, que organizaba enormes meetings nacionalsocialistas en los Andes chilenos (hay videos en youtube de estos actos, cientos de personas con banderas gigantes del 3er reich y las runas del rayo de las SS). Serrano creía en la teoría de la Tierra hueca, y sostenía que Hitler estaba en la Antártida con cuarenta OVNIS. No es el único que sostiene esto, hubo teóricamente una expedición aliada en 1947 a la Antártida, al mando un almirante Byrd, con el objetivo de destruir este último bastión nazi, y parece que Hitler los sacó cagando y hasta ahora no se animaron a volver. Serrano festejaba todos los años  “un nuevo cumpleaños” de Hitler, no rememoraba la fecha de natalicio, hablaba de Hitler en presente. Y estaría demente pero no era un pelotudo, era amigo de Herman Hesse y de Carl Gustav Jung, había sido diplomático de carrera y expedicionario al Tíbet y me gusta el detalle de que era tan nazi que Pinochet le ofreció un cargo y Serrano lo rechazó porque consideraba que Pinochet era un izquierdista. Es un tipo bastante contemporáneo, murió en 1999.

 

¿Por qué Capilla del Monte?

 

Mucho no sé porque no estuve, estoy averiguando y a medida que “investigo” veo que hay enorme cantidad de boludeces. Pero por ejemplo me interesa Nestor Corsi, un tipo que está construyendo una pirámide. Esto no es en Capilla, es en San Marcos. Tiene ciento veintinueve trabajadores haciendo un agujero tremendo, que es el cimiento para una pirámide de setenta y ocho metros de alto. Hay un consenso entre la gente del lugar,  sobre que éste tipo es el profeta Kropp. Kropp es un personaje de las profecías de Solari Parravicini (otro delirio, son unos dibujos que pueden significar cualquier cosa con unos versos que también pueden decir lo que tengas ganas que digan). Y de hecho, Corsi está construyendo la pirámide porque Parravicini dice que el profeta Kropp construirá la pirámide. Según el profeta, el arribo de Kropp es uno de los signos de la proximidad del “fin de finales”, el gran descajete.

 

Ahí por lo menos hay algo portentoso, por la magnitud. Está cavando una cosa que tiene el tamaño de un edificio de 6 pisos. Y a medida que avanza con el excavado del agujero, va descubriendo “altares” y quiere hacer un túnel alineado perfectamente con no se que entrada con el Uritorco. En Internet hay videos,  dónde el tipo te muestra como va avanzando y es una cosa monstruosa de tamaño.

 

Hay algo concreto ahí, así sea un delirio, el tipo tiene una energía suficientemente potente como para convertirla, por lo menos, en un pozo enorme.

 

¿Y por qué pensás que éste es un tema interesante para escribir?

 

No es que me la pase pensando “temas para la literatura”. Mi único deseo como escritor es que se venda el libro y que eso genere mayor presencia de mujeres pechugonas en mi vida.

 

Me gusta lo que te vengo diciendo, la creencia demencial. Mirá, yo soy un escapista. Ocupo el sesenta por ciento de mi energía en tratar de no estar donde estoy. Y sintonizo desde ahí, entiendo el impulso, esa creencia de alguna manera sirve para sacar la cabeza de este mundo tan feo y doliente y pensar en otra cosa con más sentido y menos dolor.

 

Y, como estoy convencido de que el tema en si mismo es una gran patraña lo que queda son las historias de las personas que están dispuestas, por ejemplo, a morir por eso.   Como la de Eduardo Fuentealba, investigador del tema ET, muerto de manera sospechosa. Existen tres cintas de casete que son su legado. Las escuché y son un delirio. Pero un delirio literal, no como una película de Lynch. El tipo es un mentiroso compulsivo, metonímico y contradictorio. No entiendo como hay gente que le haya prestado atención habiéndolo escuchado por primera vez. En una misma oración te habla de una cosa y en la otra de algo que no tiene nada que ver. Pero a su vez, tenía algunas conexiones con inteligencia de los milicos. Entonces, es muy raro todo, raro y berreta.

 

En el mismo registro está Guillermo Romeu, paranoico de ultraderecha y ex clérigo en la iglesia del pastor Jiménez, de donde lo echaron cuando empezó a hablar con los alienígenas. En las instalaciones de su templo evangelista de Entre Ríos, armó una especie de versión berreta del campamento de Koresh en Waco. Ahí juntaba armas y explosivos para repeler una invasión del espacio exterior. La policía lo empezó a rodear y el tipo se terminó matando de un tiro frente a su hijo de 8 años, en la fiestita del cumpleaños del chico.

 

Conozco un doctor en ingeniería que es investigador del CONICET, es ingeniero electrónico, la materia que yo doy en la UTN es Análisis Matemático III, variable compleja, la doy con un libro que él escribió sobre el tema. Y este mismo tipo, que está entrenado en lo analítico a full, me cuenta en un pasillo de la facultad que hay un planeta que a la vez es un cometa, o sea ya empezamos mal, es un objeto espacial extraño. ¿Cómo un cometa va a ser un planeta? Se llama Ercóbulus,  es el planeta rojo gigante que vaga por el espacio como un cometa y que en algún momento viene y se va a estrellar contra el planeta Tierra. Y que en el choque una serie de elegidos se va a mudar a Ercóbulus. Bueno, vos decís, si no tenés primer grado aprobado, te podés creer eso. Pero en ingeniería, en física de primer año los primeros temas que te enseñan son Movimiento rectilíneo uniforme, uniformemente acelerado, choque elástico y choque inelástico. Es decir, a partir de esa información, que el tipo tiene y muy bien, es imposible creer que en un choque de planetas hay unos tipos que saltan de un planeta al otro y se mudan para viajar por el espacio y vivir felices. Y este tipo cree en eso, cree muy firmemente en eso, se divorció por eso, todos los días le dedica horas de pensamiento al tema. Hay una intensidad que estaría bueno retratarla.

 

Para terminar ¿A qué le decís ni a palos?

 

A las buenas intenciones, a la calidad institucional, al nivel académico, a los pasadores de powerpoints.

(Ni a palos, 4/12)

La realización individual es un sueño colectivo

 

El nuevo panorama de autores jóvenes. ¿Qué escriben? ¿En qué piensan? ¿Qué leen? ¿Cuáles son sus búsquedas? Un análisis sobre las nuevas maquinarias editoriales y el recambio generacional.

 

 

Lecturas fundantes

 

Hernán Vanoli dice que le gusta mucho la literatura norteamericana, Faulkner, David Foster Wallace, Palahniuk, Irvine Welsh, también Houellebecq y de Argentina Roberto Arlt y Salvador Benesdra. También las películas de Sono Sion. Diego Meret por su parte habla de  la trinidad Felisberto, Onetti, Beckett y del libro Todos muertos, de Chester Himes. Julián Troksberg pone en primer lugar los cuentos de Levrero y luego las novelas y cuentos de Fogwill. Después nombra a Hebe Uhart, Saer, Aira, Bolaño y un puñado de autores norteamericanos. Inés Acevedo solo propone un libro y un autor El beso de la mujer araña, de Puig.

 

El joven escritor

 

Durante los primeros años de la universidad uno de mis profesores de literatura española me habló de los recambios generacionales. Me dijo que durante la edad media una  generación podía llegar a abarcar hasta dos siglos. El paradigma se extendía más allá de la vida de las personas. Por eso es que uno ve tan pocos cambios estéticos en esas violentas y anticuadas literaturas. Después me dijo que entonces, estamos hablando del año 2003, un cambio paradigmático que introduce a una nueva generación dura más o menos siete años. Ya pasaron casi diez años de esa charla y me atrevería a decir que hoy en día el cambio generacional ronda los cinco años. Cada cinco años hay un gesto histórico revolucionario que marca la diferencia entre el pasado y el hoy, lo nuevo y lo viejo. Por ejemplo, bajo este precepto, es coherente que existan personas prácticamente de la misma edad que manejen sin problemas Facebook pero que les parezca incomprensible el microbloggin de Twitter.

 

Bien, dicha esta pequeña reseña autobiográfica, hablemos de las nuevas generaciones de escritores. En la literatura no basta con que aparezca algo nuevo que se imponga o que marque tendencia. Acá, lo nuevo tiene que mantenerse en escena unos años para ser considerado nuevo. Los procesos son más lentos y rebuscados. A la hora de hablar de recambio generacional primero tenemos que hablar del concepto de escritor joven. ¿Qué es un escritor joven? ¿Cuántos años debería tener? ¿Quién determina esto? Preguntas complicadas. De proponer una lectura sobre la incidencia de la edad como variable dentro de la maquinaria editorial se podría asegurar que la edad de la categoría “escritor joven” cada vez baja un poco más. Desde mediados hasta finales del siglo XX rondaba aproximadamente entre los cuarenta y cincuenta años. Hoy en día está entre los veintipico y los treinta. Más cerca de los treinta. En general el mundo globalizado y la macro expansión de los canales por dónde circula la información generó una prolongación de la adolescencia y un adelantamiento del proceso de inserción laboral. Cada vez hay más profesionales, universitarios o no, de menos edad.

 

En la actualidad, dada la conformación de las redes de editoriales y de determinadas variables de políticas comerciales, el recambio generacional sucede en una zona de editoriales que se autodefinen como independientes o autogestionadas.

 

 

El proyecto

 

Vanoli publicó Varadero y Habana Maravillosa (Tamarisco 2009) un libro de cuentos que el mismo define como de ciencia ficción biopolítica sudaca y Pinamar (Interzona 2010) que explica como una novela epistolar hiperrealista sobre la política y el arco 2001-2010. Actualmente esta escribiendo un cuento que va a integrar una suerte de novela coral basada en la hipótesis de que los desaparecidos vuelven como zombies. Otro sobre la resolución 125 para una antología latinoamericana. Una nouvelle pulp de ciencia ficción sobre dos chicas barrabravas que secuestran a Messi y un policial con becarios de CONICET como protagonistas. Cuando se le pregunta cuál es el tema atrás de todo esto dice: el discurso político de la clase media, el turismo como forma de organización de la experiencia, el sexo, la decadencia irrefrenable de lo humano y del humanismo, el 2001, la amistad y la monstruosidad.

 

Meret publicó En la pausa (Mansalva 2008) y dice que es un libro cuenta la historia de un personaje que es una contradicción en sí misma. Un tipo que se cuestiona “la imposibilidad de recordar” al tiempo que narra recuerdos con precisión. Ahora está con un libro de cuentos breves, Narraciones correntinas u Ojo de ñandú, son los dos títulos que tiene en mente. Meret piensa que la relación esto con En la pausa puede estar en el tono, la geografía y en malentendido de lo autobiográfico. También trabaja en una novela juvenil, Canadá, cuyo protagonista es un biógrafo.

 

Troksberg publicó La ruta hacia acá (Tamarisco 2011) y lo describe como un libro de relatos que habla de lo absurdo de la realidad. Momentos o situaciones absurdas de hechos o situaciones reales, o incluso realistas. En este momento escribe tres relatos a la vez, uno que es sobre un baterista a comienzos de los ochenta, otro sobre un incidente radiactivo y otros sobre los apagones en las ciudades. Julián Troksberg dice: los temas con los que largo suelen no tener nada que ver con lo que termino escribiendo, ni en la anécdota ni en lo más oscuro y oculto de los relatos.

 

Inés Acevedo publicó Una idea genial (Mansalva 2010) Cuando se le pregunta por el material que tiene publicado hasta ahora nombra un blog, cuentos donde los personajes tienen algún problema para comunicarse con alguien, cuentos  infantiles y también una novela donde cuenta su vida Una idea Genial. Sus proyectos actuales encuentran forma en su blog (granpatocriollo.blogspot.com). Es una escritura liberadora y autobiográfica, dice.

 

 

Multinacional vs Independiente

 

Desde hace unos años las editoriales multinacionales no publican novedades editoriales. Es decir publican solo a autores que ya han tenido un recorrido por el campo editorial y pueden considerarse en primer lugar sujetos posicionados, y en el mejor de los casos respetables. En materia de riesgo todo parece haber quedado reducido a las antologías. A partir de la Joven Guardia del periodista y editor Maxi Tomas vinieron muchas antologías de jóvenes escritores con el objetivo de posicionar autores que después le rindieran a los agentes y editores de las cadenas multinacionales.

 

Por entonces el gran polemista Fogwill salía a dar entrevistas diciendo que prefería publicar en editoriales pequeñas porque de ese modo 1- Le rendía más económicamente porque son editoriales que por sus costos de producción no saldan libros y 2 - El libro tiene una mejor atención como tal. Pertenece al círculo de las novedades editoriales mucho más tiempo que en una editorial multinacional, que presenta entre veinte y treinta novedades mensuales; y además es un objeto más valuado por los propios editores.

 

Este es el marco en el que las grandes editoriales no hacen apuestas nóveles. A este ejercicio de recambio y apuesta lo hacen editoriales más pequeñas, editoriales llamadas autogestionadas o independientes.

 

El fenómeno expansivo de las editoriales independientes (entendiendo este concepto como un ejercicio político y performático) se inicia entre la última mitad de la década de los 90’  y la crisis del 2001, primordialmente en proyectos de poesía. Eloisa la cartonera, Belleza y Felicidad, Ediciones del Diego, marcan una nueva era de precarización editorial y de autores que instauran un nuevo circuito de circulación de obra externo al de la crítica de los medios, la difusión editorial y fundamentalmente la comercialización del objeto libro.

 

Hoy en día se pueden distinguir dos zonas de editoriales independientes. Una es el grueso que está nucleada en la FLIA una descomunal feria itinerante, en donde la editoriales exponen sus libros y sus autores. Otra es una zona de publicaciones más refinadas y que, pese a no contar con el aparato de producción multinacional, distribuyen sus libros en librerías y de este modo se disputan los mismos espacios de legitimación que las multinacionales compitiendo, en los medios de crítica literaria, el posicionamiento de la buena literatura. Este grupo de editoriales (Entropía, Bajo la luna, Tamarisco, Interzona, Mansalva) son las que proponen un recambio generacional de autores.

 

 

El sueño de la editorial propia

 

Vanoli cuenta que forma parte de la Editorial Tamarisco, junto a Félix Bruzzone, Sonia Budassi y Violeta Gorodischer. También participar del colectivo editorial de la Revista Crisis.

 

Meret dice que, aunque no está vinculado totalmente a un proyecto editorial, a veces hace correcciones para Werther, la editorial que lleva adelante la narradora Ratón Maciel, que también dirige la Beatrizos, una revista literaria.

 

Troksberg no forma parte de ningún proyecto como editor al igual que Inés Acevedo.

 

 

Las puntas de la programatividad

 

Podemos ver en escritores como Juan Terranova, Natalia Moret, Fabián Casas, Felix Bruzzone, Iosi Havilio o Juan Diego Incardona que hoy en día tienen libros publicados en editoriales multinacionales como Norma, Mondadori o Planeta, la realización de este sistema, ya que publicaron sus primeros libros en editoriales pequeñas, muchas de las cuales están nombradas en el párrafo anterior.  

 

Quizás los casos más ruidosos son el de Felix Bruzzone que publicó 76 en Tamarisco que lo llevó a publicar los Topos y Barrefondo en Mondadori y después a ganar el premio Anna Saghers en Alemania. Y el de Pola Oloixarac que publicó Las teorías salvajes en Entropía, levantó polvareda hasta en el extranjero y por estos días la autora saca su flamante nuevo libro en Mondadori.

 

Hay algunos factores para leer el recambio generacional en el campo literario. La edad del escritor, la obra publicada y la editorial en la que publica. Estos son los testimonios de algunos escritores que publicaron sus primeros libros en pequeñas editoriales de culto, que tienen alrededor de treinta años, que fueron recibidos por la prensa especializada con miradas atentas y que por lo tanto están girando en el ojo de los grupos editores multinacionales.

 

Por un lado está Inés Acevedo y Diego Meret. Ambos publicados en  Mansalva y por otro Hernán Vanoli y Julián Troksberg, ambos publicados en Tamarisco y Vanoli también en Interzona. El foco está en estos cuatro autores porque representan un modelo de editorial y un modelo de narrativa. Troksberg y Vanoli hacen foco en una literatura post ficcional. Una literatura de argumentos, máquinas e invasiones. Mientras que Inés Acevedo y Diego Meret presentan una literatura autobiográfica, regional y realista. Seguramente las producciones literarias de los próximos años giren entre estas formas de relatar la maquinaria del campo cultural.   

 

 

Los amigos

 

Vanoli dice que lee a casi todos sus contemporáneos. Como salen tantas cosas y leí tan poco opté por dedicarme sólo a lo contemporáneo, y dentro de lo contemporáneo lo argentino me parece lo mejor, siempre que no tenga pretensiones muy literarias y que no sea miserabilista. Le gustan las novelas de ideas casi exclusivamente, el ensayo y todo lo corto; particularmente Twitter, una esfera de interacción y agrupamiento de los contemporáneos.  

 

Meret habla concretamente de autores que le gustan o le gustaron alguno o algunos de sus libros, Bizzio, Guebel, Fogwill, Saer, Rubio, Inés Acevedo, Casas, Llach, Pauls, Damián Ríos, Aira, Ratón Maciel, Elvio Gandolfo, Belén Iannuzzi, Carlos Ríos, Leandro Ávalos Blacha, Hebe Uhart, Alejandra Zina, Busqued, Martín Sancia, Terranova, Catón, Molina, Pailos, Martín Prieto, Jonás Gómez, Durand, Arturo Carrera. Finalmente dice que solo son algunos, hay muchos más.

 

Troksberg dice que tiene rachas de lectura, los libros que Asís escribió en los ochenta. 76 de Bruzzone, Bajo este sol tremendo de Busqued y La garchofa esmeralda de Rubio. De ellos espera ansioso nuevos libros.

 

Inés Acevedo dice que está leyendo a Víctor Goldgel, a Paz Levinson, Damián Ríos y a Luis Cháves (pero no es argentino)

 

 

 (Ni a palos 5/9/2011)