El director alemán Werner Herzog y el director americano Francis Ford Coppola, aparte de coincidir en muchos aspectos estéticos, coinciden en que durante los años setentas decidieron ir a la selva para filmar dos películas sin precedentes en la historia del cine y del rodaje fílmico. El diario de filmación escrito por el mismo Herzog y el escrito por Eleanor Coppola, así como los dos documentales que se realizaron sobre las filmaciones, nos acercan a esos mundos privados de miedo, entrega y búsqueda personal.
1979
El año 1979 es un año especial. El 10 de mayo, el director americano de cine Francis Ford Coppola, luego de haber ganado dos premios de la academia a la mejor película, dos al mejor guión adaptado, uno al mejor director y de recolectar una decena de premios en festivales europeos con las películas The Godfader (1972) y The Godfather II (1974); estrenó en el Festival de Cannes su film bélico Apocalípsis Now. Este evento no se trató simplemente de la presentación de una película en un festival, sino más bien del fin de una carrera alocada de un hombre contra sí mismo.
Dos meses después del estreno, en junio, en Broadway, San Francisco, durante un post operatorio por una hernie -seguramente ocasionada por el stress de su último rodaje- recibió en su casa a un colega alemán oriundo de Munich, su nombre es Werner Herzog. Un aclamado director de cine reconocido por ser uno de los fundadores del nuevo cine alemán que, sin tener el prestigio, ni los premios que Coppola, con una serie de películas de una lograda y extraña estética como Auch Zwerge haben klein angefangen (1970), Fata Morgana (1971), Jeder für sich und Gott gegen alle (1974) o Nosferatu: Phantom der Nacht (1979) ya era considerado en los círculos elitistas del arte como un director de culto.
Así cómo Coppola había ganado la carrera contra él mismo durante 16 semanas en la selva filipina, el éxito mediático de Apocalipsis Now se lo demostraba, Herzog, estaba de paso por San Francisco, retocando los últimos detalles del guión de Fitzcarraldo, el largometraje con el que iniciaría su propio viaje hacia el interior de uno mismo en otra selva: la peruana.
Por todo esto es que el año 1979 es un año especial.
Registros
El mismo año que se estrenó Fitzcarraldo -1982- el realizador e íntimo amigo de Werner Herzog Les Blanc presentó Burden of dreamns (El peso de los sueños) un documental en el que se muestra la odisea técnica y la demencia incontrolable de un tipo de bigotes queriendo arrear un barco de 60 toneladas sobre una montaña con una pendiente de 40 grados rodeado de nativos y rodeado de la violencia habitual a la que somete la selva a sus habitantes. Es un documental sobre el rodaje de Fitzcarraldo. Allí se ve un Herzog joven y atlético, que cuenta mirando a cámara qué es lo que está haciendo cuál es su plan y después embarrado y subido a unos troncos da indicaciones a nativos, camarógrafos, técnicos y actores en inglés, español o alemán. El documental hace foco en los sucesivos inconvenientes que día a día enfrentan por seguir las ideas de Herzog que parecieran ser siempre las más complicadas de llevar a cabo.
Francis Ford Coppola viajó a mediados de 1976 a las Filipinas para comenzar el rodaje de la película más costosa de su vida. Llevó a sus tres hijos y a su mujer Eleanore Coppola, a la que le encargó que realizara un documental sobre la filmación. Dicho documental se estrenó en 1991. Su estructura narrativa gira en torno a las grabaciones secretas que hizo la misma Eleanor de charlas privadas que tuvo con su marido y sobre algunos pasajes del diario de filmación que escribió. La idea del documental es mostrar detrás de escena de una película considerada de culto en la que los actores, productores, técnicos y el mismo Coppola terminan viviendo su propio “Vietnam”: enloquecidos, extasiados, exhaustos; sumidos en la lógica de supervivencia primitiva que les imponía la selva.
Vidas privadas
Werner Herzog al igual que Francis Ford Coppola son dos directores de cine de la misma generación -Herzog es por 3 años el más joven- y, si bien el cine es como un desarrollo audiovisual del evento literario, ellos tienen en común una vinculación más fuerte que la habitual con la literatura. Herzog tiene algunas novelas publicadas, de hecho es escritor antes que director, Coppola dirige en la actualidad la revista de ensayo y cuento Zoetrope All-Story, ambos escriben los guiones de sus películas, por dar algunos ejemplos. Es por eso que podemos acceder a los universos privados de las filmaciones de las dos películas que les cambiaron la forma de ver la realidad gracias, por un lado al diario de filmación escrito por el mismo Herzog durante su estancia en Perú, llamado Conquista de lo inútil (en alemán es Eroberung des Nutzlosen), publicado en Argentina por la editorial palermitana Entropía con una traducción notable del eslabón perdido de la narrativa contemporánea que es Ariel Magnus y, por otro a Notas a Apocalipsis Now un diario de filmación escrito por Eleanor Coppola, la esposa del director, durante su estancia en la selva. El libro en sí se trata una rareza del mercado editorial, es prácticamente inexistente en papel, pero está disponible en formato de e-book (libro electrónico) en varios sitios de descarga. Uno puede pensar ¿Pero qué tiene que ver Eleanor Coppola con la literatura y el cine? Bien, mucho, ella es documentalista y escritora. Su Notas a Apocalipsis Now (en inglés es Notes on the making of Apocalipsis Now) es un libro sincero y conmovedor por muchos motivos que revelaremos más adelante.
Estos dos libros nos hablan de formas muy diferentes de los procesos mentales y psíquicos a los que se sometieron los cineastas a fin de conseguir como resultado un producto estético a partir de una búsqueda personal y epopéyica, desde sus formas de vida y culto, de algo que no entendían bien qué era.
Conquista de lo inútil, el diario de filmación de Herzog, comienza curiosamente con una serie de entradas que suceden en la mansión de Coppola. En la del día 16/6/1979 Herzog describe detalles de la vegetación de la casa y se narra dando las últimas puntadas al guión de Fitzcarraldo antes de partir en un avión a Lima. La próxima entrada es el día siguiente y en sólo un breve párrafo cuenta cómo el padre de Coppola, famoso compositor de música clásica, le hace escuchar una y otra vez la grabación de una ópera que él compuso. La última entrada en casa de los Coppola es la más importante, porque nos hace entrar en el Mundo Coppola. Está fechada en el día 18/6/79 y cuenta dos cosas. Primero que tuvo una conversación con el productor de Francis y éste le ofreció, mientras tomaba un milkshake y comía una hamburguesa, producirle la película que estaba por rodar. Herzog le respondió “Gracias”. El productor le preguntó “¿Sí, gracias o no, gracias?” y Herzog le dijo: “No, gracias”. Más adelante cuenta que Coppola estaba de un notable mal humor y se pasó todo el día rechazando las almohadas que llevaron una y otra vez hasta su alcoba porque no lo dejaban conforme. Herzog en esa primera página de su diario no hace más que buscar distanciarse del Mundo Coppola con sus lujos, caprichos y consumos maniáticos. Pero esa distancia que hay entre el Mundo Coppola y el Mundo Herzog desaparece cuando vemos, a través de los respectivos diarios de filmación, las similares conductas que adoptan frente a la naturaleza, las tribus de nativos y las reglas que les impone la selva.
Herzog casi no habla en su diario de las precisiones técnicas de filmación o cuestiones referidas estrictamente a los procesos fílmicos. Se detiene en sus experiencias de vivienda, los golpes que tiene en el río, la alimentación, todo desde un enfoque grotesco e irónico, pero sobre todo descriptivo. Herzog está fascinado por la selva y sus micro organismos ejecutando sus tareas. Desde las hormigas, hasta las tribus de nativos enfrentándose con otras por las mujeres. Lo único que recuerda al lector una y otra vez que su proyecto es el de una película, se manifiesta en los viajes hacia Europa y Estados Unidos en busca de financiación, intentando convencer a productores e inversores de su proyecto. Antes de viajar a Perú, unos productores en Los Ángeles le proponen viajar a Florida a filmar en un invernadero una maqueta a escala de la montaña y el barco, el eje sobre el que reposa la tensión de la película, y Herzog se reusa categóricamente, diciendo que necesita una montaña con una inclinación de 40 grados y un barco de 60 toneladas y que no se trata de “realismo”, se trata de un problema estético. Ahí probablemente se resuma todo el espíritu del viaje a la selva. Hacer una estética del sufrimiento, del miedo, una estética de la reivindicación de la naturaleza como un concepto esencialmente violento y destructor. Herzog dice en el documental de Les Blanc que los pájaros no pían de alegría, lo hacen por dolor, por el dolor que les provoca la selva.
Notas a Apocalipsis Now, el diario escrito por Eleanor Coppola, es un diario mucho más preciso en lo que respecta a la técnica de la película. Es un diario que se basa en el cronograma de filmación y en sus múltiples impedimentos. Pero antes que todo eso es el diario de una mujer que quiere divorciarse de un hombre talentoso, egocéntrico y multimillonario porque durante los últimos años de su vida su presencia sólo representa padecimientos. Es el diario de una mujer durante una crisis matrimonial en el momento en el que su marido tiene una crisis estética con el mundo de las ideas, el dinero y la naturaleza. Aún así lo que prevalece en el relato son los lujos de los Coppola, viajes en helicópteros para nadar entre peces de colores, casas decoradas de forma majestuosa, piscinas con distintos tipos de aguas y temperaturas. Muy lejano a la experiencia de choque cultural a la que se sometiría Herzong una vez estrenada Apocalipsis Now. En el diario de Eleanor se puede notar la de un modo muy recurrente la presencia de la familia, los enredos con los hijos -una muy pequeña Sofía Coppola hace preguntas y observaciones ocurrentes todo el tiempo- y la naturaleza con la distancia civilizatoria ficcional que finalmente se ve opacada por las innumerables exigencias de la naturaleza, desde lluvias incomprensibles hasta un tifón que mató a miles de personas y destruyó los sets de filmación.
Hay un momento en el que Herzog cuenta que cuando pierde al actor principal de su película por una enfermedad los productores le dijeron: “¿Vas a empezar de nuevo? ¿No sería mejor renunciar?” y Herzog le respondió: “¿Cómo me pregunta eso? O sobrevivo después de este proyecto o muero en él”, a su vez Coppola responde cuando Eleanor le hace exactamente la misma pregunta: “No puedo renunciar conmigo mismo”. Finalmente, luego de ver los dos documentales, leer los dos diarios de filmación y ver las dos películas terminadas, se puede concluir que ambas se basan en la enfermedad de la grandeza representada por las obsesiones de los protagonistas, Fitzcarraldo para Herzog, el Coronel Kurtz para Coppola; pero en realidad esos personajes malignos y delirantes, no eran más que extensiones de los directores en dónde Fitzcarraldo es Herzog y el Coronel Kurtz es Coppola.
Publicado en revista PUL #9
A través de la historia las producciones artísticas, además de tener una función social interactiva, fueron las encargadas de codificar para el antropólogo del futuro el concepto de belleza -dentro de una determinada época en un determinado lugar- y con éste una conceptualización más profunda y compleja: la de lo bueno y lo malo. Hasta que el siglo XX con sus cuestionamientos a los pilares del modernismo y del progreso, a base de guerras y destrucción, extirpó el debate en torno a la belleza y puso en agenda el concepto y la imagen como dos elementos claves para pensar la realidad artística contemporánea. A partir de entonces pensar la belleza es algo anticuado para los procesos históricos más cercanos: el arte y su entorno estético relacional ya no se lee en esa clave, sino más bien en clave procesal. Pero si nos ubicamos en una realidad histórica más cercana, digamos ya el siglo XXI, la imagen y el concepto se complejizan todavía un poco más con elementos constitutivos de la era digital como original, copia, edición, producción y montaje. Este planteo podría quedar más claro a partir de un análisis de obra. Vamos a tratar de entender cómo funciona este principio dialéctico, interactuando con otros elementos, en cuatro artistas contemporáneos que hacen un evidente y destacado trabajo sobre la imagen.

(Nahuel Vecino. Sin Título. Óleo sobre lienso, 159x90cm, 2007)
Rima
Algunos poetas que en la actualidad escriben con rima dicen que lo hacen porque es una forma de rebelarse ante la producción de sentidos que propone la doxa. La idea es: un criterio desfasado por cuestiones de coyuntura no es obstáculo para construir productos estéticos que representen lo entendido como contemporáneo. Esta idea de las letras se puede trasladar a la obra de Nahuel Vecino (Buenos Aires, 1977) que, entre las producciones más actuales, aparece como un clásico anacrónico. Si bien Vecino surge como un artista periférico al espacio Belleza y Felicidad, aunque su mirada no concuerda mucho la estética que proponía la galería, consigue su lugar en el espacio de los artistas emergentes durante el año 2004 con su muestra Mara Villa en la galería de Palermo Zavaleta Lab. A partir de esa muestra, de las que siguieron (nacionales, internacionales, individuales, colectivas) y de publicaciones editoriales, Vecino ocupó el lugar sacro que las galerías (como motor legitimador y comercial) estaban dejando vacío. Su obra se transformó, en el contexto del arte contemporáneo, en una especie de mensaje alentador sobre tesis tan presente del fin del arte. Pensando en la palabra Arte como algo que aún resguarda relaciones con lo corporal, la técnica y tradición, en el sentido más genealógico del término. Nahuel Vecino propone una colección de retratos, imágenes y escenas que recuerdan a los pintores más clásicos de la historia del arte –como Miguel Ángel o Boticcelli- y a su vez recrea la tradición más cercana en la pintura argentina figurativoideológica como lo es en Antonio Berni, Alfredo Prior o Daniel Santoro. Pero a su vez, no deja de ser una obra totalmente contemporánea: muchachos fisonómicamente de clase baja, en poses bucólicas o renacentistas con indumentaria deportiva Adidas.
La estrategia de Vecino fue intervenir en un campo desgastado con la sobre abundancia de la estética del desasosiego noventista que dejó precisamente espacios como la galería Belleza y Felicidad; y proponer un retorno a las bases morfológicas y teóricas de la pintura como objeto exhibible, coleccionable. Un rescate neo conservador de la obra de arte proponiendo como eje ideológico los grandes temas: linfas, héroes, el discurso político del retrato de las clases sociales, la muerte y los monstruos marinos.
Si tomamos como un hecho que el arte oscila eternamente entre una época de romanticismo y otra de clasicismo, Nahuel vecino plantearía un retorno a la clásica pintura figurativa en medio de momento en el lo que menos se hace es apelar a la imagen de una forma instrumental, es decir, sencillamente pintando.

(Cotelito. El hit del verano. Acrílico sobre tela, 100x150cm, 2009)
Arte de Izquierda
Cotelito (Buenos Aires, 1983) pertenece al grupo artistas jóvenes que a fuerza de muestras colectivas en galerías recién inauguradas de la ciudad de Buenos Aires consiguieron visibilidad. Se trata de una generación que ronda los 30 años, son egresados del IUNA y profesan intereses comunes en cuanto al trazo, la figura y la tonalidad de sus pinturas, aunque conceptualmente hablen de cuestiones hasta incluso opuestas entre sí. En el año 2010 Cotelito hizo su primera muestra individual en la galería Jardín Oculto de San Telmo y esa muestra, llamada EDAD DE ORO (así con mayúsculas), fue una especie de manifiesto generacional y estético que propuso, con colores chillones, alegres animales antropomorfizados y frases de optimismo irónico, su forma de leer la realidad y el entorno contemporáneo. Pinturas que imitan el estilo con el que las maestras de jardín de infantes o escolarización primaria pintan murales y afiches en las escuelas, donde animales conviven con humanos en mundos imaginarios e idealistas, acompañados por frases como “Nunca estás solo”, “No sientas nostalgia”, “La muerte es un paseo agradable” o “El sueño dorado es Japón”.
Tiene que ver con la estética del hedonismo que durante la década del noventa hizo escuela e instalo en el imaginario del arte la ironía estética sobre la vida privada y los convencionalismos del consumo como movilizador social. Pero la visión de Cotelito se complementa con la reproducción de esos conceptos liberales pero en una era mucho más compleja, en cuanto a los alcances del consumismo, y devastada cultural y económicamente.
En este sentido podría pensarse que la obra de Cotelito enuncia la renovación de la izquierda, ya que la izquierda del siglo XXI no es ese pensamiento angustiante de la realidad oprimente, alienante y esclavizadora del siglo XX sino más bien un pensamiento más cercano a los movimientos ecológicos, new age y espiritistas, tan en boga, que proponen un entorno optimista para decodificar un entorno dramático y decadente. Esta tesis es arriesgada y hasta puede sonar simplista si frente a un interlocutor teóricomarxista, pero la idea es plantear ese vuelco irónico y superficial de su discurso como el único discurso esperanzador del siglo XXI y en ese sentido, pensar en que el pensamiento de izquierda del siglo XX como discurso revolucionario, transgresor, pero fundamentalmente como discurso alternativa quedó atascado en el universo teórico/pesimista de la relación entre el estado, el ciudadano y los círculos de poder, dejando espacio para que este discurso despojado de complejidad y alimentado de valores infantiles o adolescentes, en tanto alternativa optimista, ocupara ese lugar vacante.

(Matías Duville - Death clock. 244x 488cm. Acrilico sobre aglomerado. 2011.)
Evolución del paisaje
El Apocalipsis es el tema que suele aparecer cuando no hay, dentro de los imaginarios sociales y culturales, esquemas de pensamiento que puedan representar el futuro más cercano. El Apocalipsis es la respuesta a un futuro borroso o difuminado. No es ausencia, es desconocimiento. No es pesimismo, es incertidumbre. Matías Duville (Quilmes, 1974) se hizo conocido con su muestra Travelling en el 2005 en la galería Alberto Sendrós y, pese a que luego hizo obra en video, fotografía e instalaciones, vamos a focalizarnos en esos dibujos minimalistas y sombríos y sus lentas evoluciones. En un principio, precisamente en Travelling, Duville reproduce el discurso de la catástrofe: tornados, pérdidas, ruinas; pero en sus posteriores trabajos (Cover, Una escena perdida) se focalizó en un discurso mucho más complejo que recrea el ecosistema apocalíptico: no hay caos ni destrucción, sino más bien calma, ausencia y equilibrio en un lugar devastado, un lugar que existe gracias a esa devastación. Composiciones paisajísticas en donde la tecnología y el hombre están ausentes, aunque siempre aparecen elementos constitutivos como tierra, agua y algunos objetos simbólicos e idílicos de la civilización neoliberal como la pequeña cabaña alejada para retirarse y descansar, aunque aparece abandonada.
Duville, realiza un trabajo denso en la composición de pinturas minimalistas y despojadas de expresión y color. Hay un mensaje alegórico que lee las mismas problemáticas de raíz actual que Cotelito, pero desde un lugar más oscuro y futurista. En este sentido habría que plantearse si la evolución es un retorno al primitivismo más que una creciente barroquización tecnológica.
En este sentido la lectura política que hace Duville está más vinculada a la pérdida que al goce. Su posición es como de un naturalismo apocalíptico, en dónde la tecnología sólo nos lleva a la destrucción de la civilización y a la construcción de un paisaje desolado y silencioso en dónde los elementos civilizatorios dan cuenta de nuestros deseos consumistas posmodernos.
El relato sobrevive si habla del futuro. Duville retrata el fin de la civilización. Está dejando indicios del paisaje sin humanos, de la evolución del paisaje.

(Diego Gravinese. Begginers. Óleo sobre tela 150x300cm. 2011)
Imagen del presente
El mashup es el procedimiento más utilizado en los últimos tiempos para cruzar, mezclar y complementar los abundantes códigos de información, estéticas de producción y técnicas de ensamblaje. De hecho, el mashup es una forma de ensamblar y producir. Diego Gravinese (La Plata, 1971) fue uno de los primeros en utilizar las técnicas del mashup cuando aún la randomización de la web no había propuesto el término. En los tempranos noventas comenzó sus experimentos con el collage y después se fue acercando a las pinturas hiperrealistas que lo convirtieron el artista mundialmente reconocido que es hoy en día. La técnica para lograr esas impactantes reproducciones consiste en proyectar sobre el lienzo una diapositiva y pintar sobre éste con acrílico. La descripción simplista oculta la compleja composición de las pinturas que es precisamente sobre lo que cae la tensión de las imágenes. El mashup de Gravinese no se queda literalmente en la mezcla de dos formatos como lo es una proyección fotográfica analógica y con las técnicas y materiales de la pintura figurativa más tradicional. El mashup es también sobre algunos de los conceptos que orbitan sobre el campo teórico del arte contemporáneo y la nueva idea de la composición de la imagen, tales como: copia, original, técnica, digitalización. Veamos, desde Bejamin, la imagen se desprende de la historia, es ahistórica, leyendo a la historia como un continnum de eventos recordados y olvidados, presentes y ausentes. En este contexto la imagen no sostiene la historia, sino que la historia busca sostenerse a partir de la construcción de imágenes que, en un punto son incompletas, falsas, claro, todo desde esta perspectiva marxista benjaminiana. Por otro lado la teórica Mercedes Bunz en su libro la Utopía de la copia, propone: ¿Cuál es el original, cuál es la copia dentro de la esfera de la circulación de obra o, para acercarlo a nuestro tema, de imágenes? ¿Cómo diferenciar uno de otro? Gravinese ejecuta estos dos complementos teóricos a través de sus pinturas, que, independientemente de la formalidad del análisis, en un punto retratan la automatización y multiplicidad de sentidos que tiene hoy en el día la imagen después de la televisión, la Internet y, fundamentalmente, la publicidad y su eje del goce que propone como instrumento. El discurso publicitario no es menor en la obra de Gravinese, de hecho si nos basamos en la tesis popular entre los semióticos de que el discurso publicitario expresa todas las tensiones estéticas del arte del siglo XX, la obra de Gravinese puede ser un buen punto de partida para el análisis.
Imagen/copia/original
La imagen es el recurso más desgastado desde la perspectiva de la producción estética ya que la historia del arte siempre leyó el trabajo sobre la imagen como una forma de entender las ideas, pero a su vez ese mismo desgaste la transformó en la herramienta más utilizada para los procesos de formación, tráfico de datos y síntesis comunicativo de los modos de circulación de información más actuales ¿Cómo sobrevive la imagen? Construyendo relatos, haciendo que la imagen interactúe con su entorno discursivo. Vecino trabaja sobre lo clásico pero con toques posmodernistas, pinta como Miguel Ángel a las clases bajas con ropa Adidas. Explicar el trabajo político/idelológico sería una torpeza. Cotelito dibuja imitando la estética, casi institucional, que aplican las maestras jardineras o docentes de educación primaria en murales, afiches y decoraciones. Buscando representar figurativamente la felicidad y el vacío como algo unido y constitutivo del ser moderno. Duville, retrata el mismo no future que Cotelito, pero con foco en el futuro, no en el presente: paisajes conceptuales que dicen algo terrible sin enunciarlo. Como los dibujos que hacen los niños que sufren violencia familiar. Gravinese trabaja con fotos estéticamente contemporáneas, aunque sean de los ochentas, y muy representativas de la nueva era de la imagen binaria para convertirlas en pinturas hiperrealistas de alto impacto estético y comercial. El arqueólogo del futuro, cuando se encuentre con la obra producida por estos artistas, pensará: estos sujetos no hacen obra desde circuitos ordinarios, hacen obras desde redes de sentido y para redes de sentido. Es tal la eclosión de la imagen, que para sobrevivir en un contexto artístico debe sostenerse en relatos paralelos (la publicidad, el mashup, la relectura de lo clásico, la ironía, la tecnología) para generar un discurso que sea lo suficientemente representativo de lo contemporáneo sin pasar desapercibido como una obra de arte que propone una ética, una estética y una política.
Publicado en Revista Crisis #12
#intro Tengo dos recuerdos de mi infancia que me impresionaron y aún hoy cuando pienso en ellos me pongo incómodo. El primero es un relato que me sabía contar mi madre. Se trata de la historia de un tipo que va a caballo por el monte a la madrugada y de repente se le pone un caballo a la par con un hombre encapuchado que le pide que se detenga y le ofrece pan. El tipo decide aceptarlo y estira la mano, el otro le apoya algo y desaparece, se esfuma en la oscuridad. Cuando mira qué es lo que le dio nota que se trata de un fémur humano. El recuerdo número dos lo viví. Estaba con mi primo en la puerta de la casa de mi tía. Mi tío había puesto un banco como de plaza para pasar las tardes mirando la caída del sol. No sé exactamente de qué hablábamos, teníamos 14, 15 años, ya era casi de noche. Mi primo jugaba haciendo rayas en la tierra con una rama, cuando levanta la vista se horroriza y grita: ¡Una bruja! Yo miro hacia donde él señala y había un árbol, una casa, una enorme cisterna y nada más. Mi primo entra corriendo a su casa y sale con una escopeta. Dispara dos veces contra un árbol e insulta a lo que supuestamente había ahí. Yo, pese a que no vi nada, lo intenté. Forcé las formas de las cosas para que parezcan algo amenazante. Pero no hubo caso, ahí no había nada. Después cargó la escopeta y gatilló dos veces más. Ahora nos vemos ocasionalmente en alguna fiesta familiar y siempre que me ve recuerda el día de la bruja en el árbol y lo vuelve a contar para los nuevos oyentes.
La incógnita de las cosas raras. De por qué la gente ve cosas raras, tiene experiencias o enloquece es una semilla que se deposita en la infancia y que la siembra la familia.
#lobos Hace menos de un año me mudé a la localidad de Lobos. No pude interactuar mucho con la gente ni conocer los lugares que dicen que son los más interesantes porque me la paso viajando a Capital o realizando tareas hogareñas, pero sí escuché muchas historias. Historias que tienen que ver con ese misterio que atrae a niños y a personas esotéricas. Historias de cosas raras. Apariciones de seres extraterrestres por la laguna; un tipo que reduce cráneos, apareció en muchas revistas y fue entrevistado por BBC y la National Geographics; mujeres anestesiadas por la vida familiar que un día se ahorcan mientras sus hijos duermen sin dejar una carta, nada; matrimonios con acuerdos extraños; animales ya extintos merodeando por los basurales. Hace poco, en una cena familiar, me contaron que una chica relativamente cercana, con una persona en común, convive con algo, digamos, sobre natural. El caso me interesó porque se trata de una muchacha de 22 años que no tiene miedo a su situación y que incluso suele andar con una foto en su celular de su conviviente. Pedí su número de teléfono y su cuenta de mail, quería hacerle una entrevista.
#chica Se llama Yamila y está cursando el cuarto año de la carrera de traductorado en inglés en un profesorado de Lobos. Vive en con sus padres y tiene dos hermanas: una menor (intuyo de unos 3,4 años), que vive con ella y una más grande que vive en otra casa. De sus padres no tengo información, de hecho de nadie tengo información más que la escasa que tengo de Yamila suministrada por ella misma. Ya sabiendo que estaba interesada en que tengamos un encuentro y teniendo su cuenta de correo electrónico y su número de celular, no sabía cómo avanzar. Es un tema incómodo, es difícil no sentirse ridículo hablando sobre eso y no quería ser mal interpretado ni cometer una torpeza. Me pareció que la mejor forma de encararla era con un mail para coordinar una cita en un bar de la zona. Cuando vi que su servidor era gmail pensé que quizás era, no una nativa digital, pero sí una persona “conectada” pero no fue así. Me respondió recién a las dos semanas. Y esa fue más o menos la frecuencia con que mantuvimos el siguiente intercambio.
#mails Godoy. Cómo estás Yamila? Me pasó tu mail Mariana, ella me contó que en tu casa pasan algunas cosas raras que me interesan para una nota que me pidieron. Yo soy escritor y trabajo como periodista. Me gustaría que me cuentes tu experiencia. No sé si preferís que te escriba por acá, que te llame o que nos juntemos en un bar. Es para una revista que no tiene una tirada muy masiva y no voy a dar ningún nombre ni dato identificatorio. Desde ya gracias y te mando un beso. Cualquier cosa mi teléfono está abajo.
Yamila. Hola!! bien bien… Si te queda cómodo a vos escribime por acá que es lo que más te interesa saber o preferís que yo te cuente y en caso de que tengas alguna duda me preguntás? Tengo una foto también que llevó un amigo a analizar con un fotógrafo (para dejar en claro que no es un efecto de la luz) si la querés te la mando!
Godoy. Genial. Contame todo desde el principio: cómo es la historia, cómo empezó todo y cuáles fueron los hechos más significativos. Ah, mandame esa foto por favor que me muero por verla! Bs!
Yamila. Bueno te cuento, todo empezó en la casa en que yo vivía antes con mi familia! la casa fue construida por mis papas, es una casa nueva por lo que era imposible q las cosas que te voy a contar sucedieran por la antigüedad de la casa. Te aclaro esto porque es común relacionar este tipo de hechos con personas que hayan muerto en ese lugar!
En mi casa vivimos mi mamá, mi papá, mi hermana menor y yo. Todos, incluso mi hermana mayor que no vive en casa, tuvimos una experiencia. Primero pasó que yo una noche, serían alrededor de las once y media, estaba acostada tratando de dormir y siento muy claramente, el hundimiento de mi colchón a mis espaldas como si alguien se estuviera sentando… Al otro día cuando me levanto lo comento en mi familia y mis papás me cuentan que ellos hace un par de noches escuchan a alguien que va al baño, tira la cadena y va y se lava las manos. Imposible xq ninguno se levantaba, pero todas las noches después de las doce siempre había alguien que iba al baño y hacía la misma rutina. Al principio no importo, hasta que esto se empezó a manifestar también de día en la pieza de mi hermana menor: aparecían todas las puertas del placard abiertas y hasta a veces muñecos y osos de peluches tirados. Estas cosas sucedían de vez en cuando pero lo del baño era todas las noches. Te puedo contar también, que un día estaba con mis amigas en el living mirando una película y de repente se para sola (aparece stop en la pantalla) y se abre la bandeja del dvd como para sacarla… Una noche tmb cuando se escuchaban ruidos, mi mamá se levantó y vió una luz redonda y blanca flotando en el aire entre las puertas de mi habitación y la de ellos…
También notábamos cada vez q lavábamos el baño, había unos garabatos en la tapa del inodoro con lápiz!
Cuando nos mudamos a la casa en la que vivimos ahora, pensamos que eso no iba a pasar pero todo empeoro! Al punto de que tuvimos que llamar a un sacerdote para bendecir la casa porque ya nos estaba dando miedo. En esta casa todo empezó con la foto que te voy a mandar! Yo estaba sacándome fotos sola frente al espejo y de repente veo que en una foto sale una especie de demonio (porque no tiene cara ni de persona ni de nada conocido, o por lo menos que haya visto antes) La foto la vieron todos, esta en mi facebook y el papá de una amiga se tomo el atrevimiento de llevarla a un fotógrafo para estar seguros que no fuera un efecto de luz o algo por el estilo. La foto es muy clara (ya la vas a ver) se ve en el margen inferior izquierdo la cara de algo y si se agranda se nota que esta sostenida por una mano (eso lo noto el fotógrafo).
Unas noches después estábamos todos durmiendo y mis papás escuchan que una nena les pregunta si podía acostarse a dormir con ellos, mi mamá pensando que era mi hermana le dice que si y (ante la llamada insistente de mi mamá a mi hermana) me despierto y veo a mi hermanita súper dormida en su cama, por lo que no sabemos quién les hablo!
Después de eso nos dimos cuenta que esta cosa, imita nuestras voces y habla por nosotros… Un ejemplo, mi hermana mayor un día llega a casa, intenta poner la llave para abrir la puerta, gira la misma pero la puerta no se abre! prueba varias veces hasta que escucha que de adentro mi mamá le dice que le va a abrir ella, mi hermana se queda esperando y nadie le abre. Nosotros estábamos todos en Cañuelas!
Ahí llamamos al sacerdote quien le hizo una bendición a la casa y a mi y nada más paso.. Pero hace unos meses empezó a pasar todo de nuevo… Voces de nosotros mismos que se escuchan y no estamos presentes, cosas que se caen solas, que desaparecen… Un día llegamos a casa a la noche y en el quincho se predio una hornalla de la cocina sola, el fuego de la parrilla que hace más de un mes que no se prende hace dos semanas, empezó a largar humo y se prendió solo como si le hubiéramos puesto algo porque tenía una llama grande!
Y ahora seguimos así…a veces se manifiesta y a veces no! algo curioso tmb fue un sueño que tuvo mi hermana que todos creemos que tiene relación con estas cosas que vienen pasando (si querés te lo cuento). Miedo no tenemos, ya es como algo natural que esta entre nosotros y por ahora nada malo nos ha hecho así que ahí sigue! jaja
Espero que te sirva y si necesitas algo mas decime, no tengo problema! Ahora te mando la foto!
Suerte, besos
Yamila. Acá te dejo la foto! Avisame si te llego el mail en el que te conté porque no lo puedo encontrar y no se si te lo envié…Beso

Godoy. Me llegó todo. Creo que estoy cagado de miedo. Dejame que lea todo bien y te escribo de nuevo. Muchas gracias. La historia es muy buena! bs!
Godoy. Bueno Yamila te voy a hacer cinco preguntas para reforzar tu relato.
1. La primera es obviamente que me cuentes el sueño de tu hermana.
2. Quiero que me cuentes qué piensan en un tu familia. Que hipótesis tienen sobre quién puede ser la criatura, de dónde vino, por qué con uds, cuántos años tiene, etc.
3. Aparte de recurrir al sacerdote ¿Recurrieron a algo más: parapsicólogos, brujos, etc?
4. ¿Por qué el sacerdote bendijo la casa e hizo algo similar sólo con vos? ¿O también lo hizo con los otros?
5. ¿Hay antecedentes en tu familia de este tipo de experiencias? ¿Tus abuelos, algún tío, etc?
Muchas gracias.
Godoy. Cómo estás Yamila? El editor me está pidiendo la nota y me gustaría, para poder terminarla, si me podés responder las preguntas que te mandé. Si no podés o no tenés ganas está bien, no quiero molestarte más. Te mando un beso.
#fugaymisterio Yamila al igual que su familia son personas de clase media alta y, pese a vivir en un pueblo de menos de 40 mil habitantes, tienen prácticas de clase media alta que giran en torno a la preservación de la intimidad y la vida privada. Por eso es que no fueron con su problema a programas de radio o aparecieron en los diarios zonales que levantan mucho esas notas porque en general gustan a la gente del campo. A veces se me ocurría que todo es un delirio de la muchacha o que de algún modo provoca, voluntaria o involuntariamente, esa realidad extraña en la que vive su familia. El fenómeno se hace fuerte bajo la estructura familiar, bajo un núcleo que sostiene esa realidad íntima, relativa, extraña. Es llamativa la fascinación con la que escribe, casi con orgullo, con goce. Y es sospechoso también que no me haya respondido el último mail, justamente cuando mis preguntas buscaban determinar el peso de la historia y las relaciones familiares en dicho fenómeno. Supuestamente en el sueño que tuvo su hermana, Yamila, me iba a contar el origen de su convivencia con el fantasma. Me iba a contar que su hermana soñó como era la vida de una familia tipo que tuvo un accidente en la ruta en el que murieron todos, entre ellos una niña de unos 3 años que es la presencia que vive con ellos. También esperaba que me cuente un detalle que me llegó por otras personas que es que este fantasma de 3 años se suele acomodar en la cama de su madre y, tal como hacen los niños con sus padres, le acaricia el pelo hasta quedarse dormido.
Publicado en revista Crisis #10
Mientras viajaba en el ferrocarril San Martín, que es oscuro y horrendo, pensaba que, por más que no quieran, los libros antimodernos como el de Godoy imaginan un relato alternativo a la tornasolada jaula de Facebook, afectividad y desconcierto en la que se convirtió nuestra vida cotidiana. En ese sentido, un libro con sólo cinco cuentos que acontecen en parajes semirurales donde no se habla de la experiencia de vivir en la web se vuelve contemporáneo y ambicioso. Voy a desarrollar esto un poco más.
A la hiperproducción del deseo y su instatisfacción que, como dice Diego Vecino en la contratapa, son síntomas de los contemporáneo, la narrativa actual que me interesa les responde por medio de tres vías. Digo “la narrativa actual que me interesa” porque, la verdad, si no es para componer un relato alternativo, que por lo menos se niegue un poco al relato de la socialdemocracia de mercado, me parece que la literatura no sirve para nada y entonces me aburre y prefiero Twitter. Pero hablaba de tres vías contra la modernidad tardía o la posmodernidad como se nos imponen. La primera es una recuperación de lo sagrado –que siempre es una pregunta por la naturaleza-. La segunda es la fe en la ciencia –que siempre es una pregunta por la comunidad-. La tercera es el abuso o desfondamiento de la ironía –que siempre es una pregunta por el consumo y por lo nacional-. Claro que también hay una cuarta, y tiene que ver con la sensibilidad anti-producción del “preferiría no hacerlo” de la bohemia. Pero este no es un libro sobre la bohemia.
Las tres vías que nombré son las maneras que las novelas antimodernas tienen de politizar lo literario. En Can Solar, Godoy toma estos ejes y los convierte en preguntas sin respuesta. Si hay un punto en que toda literatura es autoayuda, Can Solar se resiste a eso. El libro formula preguntas de una manera oscura y desgarrada, que nos deja solos. Nos dice que somos sobrevivientes de una guerra que nunca fue del todo declarada, en la que triunfó la banalidad del mal, a través de una violencia inesperada e incontrolable.
Vamos al primer eje: lo sagrado y la naturaleza. A mi juicio ese eje es el que atraviesa el primer cuento, “Es preferible tener suerte a ser inteligente”, y el último, “Can Solar”. En el primero hay un tipo, Rubén, que tiene una especie de ACV. No podemos decir si eso lo hace más feliz o no, no podemos decir si sufre. El tipo escribe, hace planos de su casa. ¿Está alienado? ¿Está loco? No más que cada uno de nosotros. En “Can Solar”, que da título al libro, lo que se desarrolla es un “fenómeno que consiste en que, a medida que el sol cae, algunos rayos de luz se reflejan sobre cristales de la atmósfera generando en el cielo el efecto de la aparición de discos brillantes que se mueven y luego desaparecen a cierta velocidad o se diluyen en el firmamento”. El cuento es sobre los supuestos efectos del san solar en un pequeño pueblo. Es un efecto radioactivo, de descomposición. El final es irónico. La imagen es la de un chico que toma fotografías de la catástrofe desde lo alto de un alambrado. La respuesta de Godoy a la relación entre lo sagrado y la naturaleza es que la verdad sólo puede aparecer en una catástrofe natural, y que no estamos preparados para recibirla. El libro no se decide entre una vuelta a lo sagrado o el cinismo.
Segundo eje, la ciencia y la comunidad. La respuesta de Godoy es antihumanista. En “HCI”, dos amigos se sospechan, manipulan ácido muriático y por eso atacan aparentemente sin razón a una vecina. En “Final de Anatomía”, Amikho, una joven estudiante de medicina, lleva un esqueleto retirado de la fosa común de una morgue hacia una casa de campo. La chica está atravesada por una relación infiel y quizás tortuosa con su novio. En ambos cuentos, se trata de borrar o de limpiar, de purificar una falla original: las imperfecciones de los muebles en el caso de los protagonistas de HCI, una manchita roja presente en el cráneo en el caso de Amikho, que arma un esqueleto en la cama de sus padres. El ritual de la purificación es absurdo en ambos casos, los elementos se usan de maneras desviadas. Godoy nos dice que toda comunidad es perversa y que como la ciencia nos abandonó, toda relación –la amistad, la pareja- está signada por una traición de origen, manipulada por la brutalidad del azar, que la cultura intenta borrar para reciclarse. El libro añora la ciencia y aborrece tanto al mito como a la naturaleza. Ningún personaje se comunica.
Finalmente, Erasto es una mezcla loca entre todos los elementos. La ironía sobre el progresismo, sobre la fetichización de lo ancestral, sobre las relaciones familiares, sobre la pedagogía, sobre la aceptación de lo diferente, y la sórdida emergencia del absurdo.
En Can Solar Godoy no quiere dar lástima ni conseguir empatía, se cuida mucho de psicologizar, consigue salir del objetivismo formalista. Tampoco le preocupa que su estética funde una ética; le alcanza con una relación resentida con la cultura literaria que personalmente celebro. En este libro materialmente conceptual, sordamente materialista, hace las preguntas correctas. Esas preguntas son preguntas políticas en un libro donde el contexto sociopolítico aparece apenas en pinceladas.
En conjunto, funciona como un cubo de una aleación metálica extraña, algo radioactiva, soldada por un herrero que también es un traficante de sustancias ilegales, quizás lector de Schopenhauer. Una cámara disfuncional en la que uno podría meterse y pasar horas frente a una pantalla pixelada, sometido a imágenes que no va a recordar, y al salir encuentra al mundo en un leve Apocalipsis que fulmina de un modo lento y progresivo, sin dirección, sin evolución esperable.
Durante la segunda mitad del siglo XX la idea freudiana de parricidio fue la forma dominante para interpretar la producción literaria argentina, con Borges y Cortázar en el vórtice del aparato mediáticoacadémico desde el que debería surgir universalmente todo tipo de obra, filiativa o reactiva. Hoy no existe tal idea como lectura de la tradición, más bien hay, siguiendo el tono freudiano, filicidio. Sin padres sólo hay nombres editables, vendibles y editoriales disputándose poder y capital dentro de un diagrama de venn llamado campo cultural. La obra no se piensa en términos tradicionalistas, se lo hace términos relacionales. En todo caso, si existe una autoridad a la que rebelarse, no surge de los procesos históricos sino de los organismos que manejan el capital simbólico (y económico) de la publicación: las editoriales. Estas instituciones en su súper estructura de sentido establecen las zonas de producción. La más clara en este momento es la del realismo como un objeto agotado por su sobre explotación durante las últimas décadas del siglo XX y, por lo tanto, contra lo que se debe reaccionar ¿Cómo oponerse al realismo? Ahí aparece la literatura costumbrista (Los años felices de Sebastián Robles, Una idea genial de Inés Acevedo), el hiperrealismo experimental (Qué hacer de Pablo Katchadjián) y, fundamentalmente, la ciencia ficción. La scifi se hizo fuerte durante los últimos 10 años por la exacerbación del cine comercial del género de catástrofe y es una de las respuestas más seductoras para posicionarse frente al realismo. Veamos un poco cuáles son las propuestas de la scifi en el panorama de la narrativa argentina. Por un lado tenemos autores que buscan acercarse al género propiamente dicho, produciendo a partir de reglas de sentido. Tiempos remotos, irreales o futuros, elementos paranormales, la presencia del sujeto como un elemento decodificado por un paisaje numérico (El loro que podía ver el futuro de Luciano Lamberti). Por otro, algo que cierra más con el interés de la literatura argentina en general, el planteo de una serie de tópicos o puntos de análisis socioeconómicos, políticos e incluso antropológicos, desarrollados dentro de un formato que busca acercarse a la novela de tesis (Varadero y Habana maravillosa de Hernán Vanoli). La tercera opción es la que se acerca a mecanismos latinoamericanistas de narrar generando lo que podría llamarse un realismo extraño o mágico, como se lo denominó en los ’60 (La ruta hacia acá de Julián Troksberg). En todo caso, sea cuál sea el camino estético que prevalezca, la narrativa argentina siempre propone al mercado y al lector una representación paranoicomodernista del lenguaje y el deseo como problemas irresueltos del hombre social.
Publicado en revista Ñ 10/8/12