La capitalización de la derrota
Ya nadie parece preguntarse qué es un autor. Sin embargo, las categorías que propone Bansky, un misterioso street artist que retoma el tema en un reciente documental, permiten analizar el proyecto creador de dos escritores argentinos contemporáneos, Fabián Casas y Gustavo Ferreyra. De maneras diferentes, ambos atraviesan procesos de canonización, pero no por ello dejan de pertenecer a una zona que podríamos llamar el under porteño. Y, de una manera u otra, hacen emerger en su obra el pesado yunque de la derrota cultural de una sociedad y de una generación.
Cine snob
Se cataloga a una película de snob cuando cumple con un abanico de requisitos. El público que interpreta colectivamente esas películas es finalmente quien las termina convirtiendo en consumos refinados y especiales. Entre esos requisitos, existe uno que parece fundante: el planteo de una tesis. La película snob tiene que demostrar algo. Ahora bien, esa tesis puede abordar una problemática interna al sistema enunciador, a las relaciones de producción que hacen posible su existencia -en éste caso cineastas y cinéfilos-; o bien puede plantear una tesis más amplia y paradigmática, que se relacione con el estado de la cultura en términos más generales. Veamos. Para el primer grupo podríamos nombrar a Historias extraordinarias de Llinás, cuya tesis sobre el cine podría ser: se puede hacer una película extremadamente larga que sea entretenida y que aborde todos los géneros cinematográficos; o a Dogville de Lars von Trier y su tesis: se puede hacer una buena película de suspenso, con buenos actores y sin escenario. Ahora veamos dos ejemplos del segundo grupo de tesis. El artista de Gaston Duprat y Mariano Cohn, tesis: la obra de arte no es el arte en sí mismo sino todo lo que le rodea. O, para ir directo a lo que nos interesa, Exit through the gift shop del street artist Bansky. Su tesis: los modos de producción de obra determinan el posicionamiento del autor.
De esta última tesis parten las siguientes reflexiones.
Bansky y la hermenéutica del street art
Bansky es el street artist más famoso del mundo, no solo por la calidad y alcance de sus obras sino porque, pese a sus apariciones, no se conoce su identidad. En el 2010 presentó el documental Exit through the gift shop en el festival vasco de San Sebastián. En líneas generales, la película cuenta la historia de un francés aficionado a la cámara llamado Thiérry Guetta, quien entra al mundo del street art como documentalista. Cuando se topa con Bansky, de la relación de ambos surge un intercambio de roles. Bansky termina haciendo un documental y Guetta una descomunal muestra de arte callejero montada en un galpón. Allí, logra vender obra a más de un millón de dólares y, a partir de sólo esa muestra, que en realidad es una copia de una que hizo Bansky en London, se convierte para los medios en el heredero de Warhol y consigue contratos millonarios como la tapa del Greats Hits de Madona.
En una de las últimas escenas del documental, en la que Bansky está sentado en una silla, encapuchado y con la voz distorsionada, plantea los siguientes interrogantes: ¿Cuáles son las reglas que posicionan a un autor? ¿Es posible saltearlas? ¿Existen tales reglas?
Los divulgadores de la derrota
Poco antes de la crisis del 2001, Fabián Casas y Gustavo Ferreyra se consolidaron como escritores. Tratemos de entender por qué.
Casas nació en 1965 y publicó hasta ahora varios libros de poemas, Tuca (1990), El salmón (1996), Pogo (1999),Bueno, eso es todo (2001), Oda (2003), El spleen de Boedo (2004); un libro de relatos, Los Lemmings (2005), una novelaOcio (2000); un libro de ensayos, Ensayos bonsái (2007) y un cuento infantil, Rita viaja al cosmos con Mariano (2009). A los 45 años publicó sus poesías completas bajo el título Horla City. Casas cuenta que después de un largo viaje por el Amazonas volvió a la ciudad y necesitó de una vez por todas desarrollar un oficio, empezar a trabajar. Así fue que un amigo lo hizo entrar a Clarín. Después cofundó el diario Olé y hoy en día dirige una publicación semanal, que también fundó, destinada al público sojero, el Federal. En 1998 fue becado por la fundación Antorchas para participar del Programa Internacional de Escritores de Iowa y en el año 2007 recibió el premio alemán Anna Seghers otorgado a autores latinoamericanos. Comenzó publicando plaquetas y en pequeñas editoriales literarias; hoy es mimado por el Grupo Planeta. El año pasado fue uno de los escritores designados como representantes en la feria del libro de Frankfurt destinada enteramente a la literatura Argentina y en el BAFCI se estrenó la película Ocio, dirigida por Alejandro Lingenti y basada en su novela.
Por su parte Ferreyra nació en 1963. Tiene varias novelas publicadas, El amparo (1995), El desamparo (1999),Gineceo (2001), Vértice (2004), El director (2005), Piquito de oro (2010) y Dóberman (2010). Y un libro de cuentos, El perdón (1997). Es sociólogo y vive de la docencia universitaria y de nivel medio. El año pasado ganó por primera ver un concurso literario. Fue el premio Emecé de novela con Dóberman. Mucho más para decir, no hay.
Dando una mirada rápida por las bibliografías podemos ver dos necesidades. En Casas la de pertenecer. En Ferreyra la de construir una obra. Desde estas perspectivas podemos ver también cuales son los resultados de esas necesidades, leyendo sus actuales posiciones. Uno es el director de una revista para la clase lectora del campo y el otro es un docente del Estado.
Sería un error pensar cuál es un auténtico autor o cuál es mejor escritor que el otro. La idea es problematizar dos modelos de autor conviviendo y luchando, con diferentes estrategias, por un lugar en el campo cultural. Además ambos escritores son socios. Se conocen y se respetan. Esto se debe a que desde las vanguardias el arte ya no puede despegarse del artista. La obra de Casas es absolutamente autobiográfica y en cada segmento de sus relatos o poemas late su personalidad avasallada por el fantasma de la derrota –cultural, política, social, sentimental-, a la cuál, siendo director de una revista con una tirada de 20 mil ejemplares, pareciera a simple vista haber vencido. Su forma de interpelar el sintagma de la derrota es a través de la recreación de un mundo sin responsabilidades, leído desde la llana adultez. La moral de clase joven rockera golpeada por la desocupación y las drogas. Un anecdotario de la vivencia de la derrota, una recreación, si se quiere, literal. En cambio, Ferreyra es como el matemático John Forbes Nash de Beautiful mind, que hacia el final de la película logra convivir con sus fantasmas. Para Ferreyra la derrota es una clave de lectura para analizar la decadencia de la cultura argentina pre y pos crisis del 2001; y por eso hace de ella la ética y la política que sostiene su vida y su obra. La mente de Ferreyra es una neurosis que piensa la derrota como su apocalipsis generacional.
El mensaje
Repasemos. La obra de Casas se compone de seis libros de poemas, un libro de cuentos, una novela, uno de ensayos, un cuento infantil y unas obras completas de poesía. La forma más concreta de hablar de Fabián Casas y su irrupción en el campo cultural, es bajo la praxis de un perfomer. No hay un proyecto de escritura que no sea el de un conjunto de textos anecdóticos declaradamente autobiográficos. El concepto esencial que diferencia al performer del artista es que el primero ofrece una cosa que es el resultado de su producción mezclado con el de su personaje mientras que el artista ofrece una obra. Un ejemplo. En un Expotrastiendas, Marta Minujín hizo una instalación que era un árbol del que colgaban como frutos unas 30 botellas de Chandon, con la particularidad de que sus corchos eran mini esculturas con la cara de la artista. La idea era esta: cada botella valía $600, uno la compraba sabiendo que allí dentro había una pequeña obra de Marta Minujín. Una vez adquirida y entregada, podía romperla con un martillo y conocer la obra o, dejarse seducir por las reglas de la compra y nunca romperla sabiendo que allí dentro hay una obra desconocida de la artista Marta Minujín. Está claro que Marta tiene perfectamente claras las reglas de la producción y circulación. Esa obra es una reconceptualización de esa idea tan en boga de que los artistas venden cosas ridículas en nombre del arte y que el fin último es definitivamente el dinero. Casas hace lo mismo, pero usando una idea que en campo literario supo poner en boga el escritor Osvaldo Lamborghini: primero publicar, después escribir. Casas reconceptualiza esa idea, se apropia y la ejecuta. Por eso tiene un libro ubicado en cada zona dónde pueda colocarse: poesía, cuento, ensayo, novela, cuento infantil. El contenido de la obra de Casas queda en segundo plano. Lo que lo sostiene como autor es el procedimiento, que también es un posicionamiento y una marca.
En el caso de Ferreyra, a lo largo de siete novelas y un libro de cuentos se puede hacer una división en dos etapas. Sus cuatro primeros libros deben leerse como una tetralogía que aborda o desarrolla, las diferentes facetas del poder en las relaciones sociales. El amparo: las relaciones de poder entre servidumbre y amo. El perdón y Gineceo: los mecanismos de poder en las relaciones sociales y de parentesco. El desamparo: los juegos de poder en la construcción de la adultez o la profesionalización. En este grupo no hay referencias históricas claras, es una realidad temporal sumida en la claustrofobia, el agobio y el canibalismo del poder y la convivencia.
El segundo grupo de publicaciones habla del desarrollo del poder en la clase política desde una perspectiva totalmente historicista. Vértice: novela de tesis sobre fin del siglo en Argentina, en la que se ven los procesos políticos y económicos a través de 5 personajes de distintas clases sociales. El director: retoma uno de los personajes de Vértice y desarrolla el devenir del hombre mediocre repasando 30 años de historia argentina. Piquito de oro: lectura sociológica de la crisis del 2001 por medio de dos personajes de clase media que la padecen residualmente. Dóberman: el ascenso social y la incidencia de la construcción del poder político en las clases sociales bajas durante el menemismo. Estos tres libros abordan el concepto de ser nacional y su construcción histórica a través de determinados eventos desde la vuelta de la democracia hasta la crisis del 2001.
En general, la obra de Ferreyra cae constantemente en la descripción del poder que ejerce la realidad sobre los sujetos históricos y la paranoia de clase. Mientras que la de Casas es una colección de aventuras generacionales con algunos matices de filosofía melancólica sobre el paso del tiempo.
Militancia trasvasada
La idea afrancesada del autor vinculado al ejercicio de la intelectualidad política era funcional a los enunciados de los 70’. Bansky, en su documental, se pregunta qué es lo que hace que una persona sea considerada autor ¿Su obra? ¿Su visibilidad? No da respuestas. Hasta acá analizamos dos autores contemporáneos que debaten una modalidad de posicionamiento. Seguramente Ferreyra no tiene interés en someterse a la visibilidad por eso escribe libros que promedian las 300 páginas y que a Casas no le interesa ser prolífico y por eso se apoya en el argumento del autor de un libro como Rulfo o Alain-Paul Mallard, y acompaña lo que hizo con presencia física. Aunque el fenómeno Casas funciona como autor para una clase lectora joven, mientras que los lectores de Ferreyra son hiperescolarizados y escritores, Casas vendría a representar el modelo de autor posmoderno. Un sujeto vinculado a la exposición mediática por blogs y redes sociales. El paradigma de escritor que plantea Casas se puede definir desde dos ideas. Por un lado el concepto de postproducción que enuncia el teórico del arte Nicola Bourriaud. Que consiste no producir obra original, sinó en resemantizar la obra producida por otros a fin de generar un producto nuevo y digerido. Así es como el valor reside en el procedimiento. Y por otro lado en generar una literatura que pueda soportar lecturas en público; por eso el recurso que más utiliza su estilística es la construcción de imágenes. Mientras que Ferreyra representa la modalidad de los autores del modernismo y desea ser prácticamente un clásico atemporal.
¿Erigir una obra en base a la estetización de la derrota, desde la moralidad de los caídos, desde la perversidad del poder sobre los cuerpos, desde la banalidad cotidiana tras el herrumbe de épicas de transformación es el último gesto honesto de una generación que allana el terreno para un resurgir próximo o, más bien, la utilización calculada de una serie de claudicaciones que se naturalizan? Imposible decidirlo. Aún así es un debate que merece mantenerse porque, tras las diversas y múltiples revoluciones culturales, el interrogante vuelve con la sigilosidad de un fantasma. La pregunta muta, se acerca a unas zonas, se aleja de otras y la respuesta también muta: ¿La obra es suficiente?
Dos cosas curiosas o irónicas para terminar. Una es que anda dando vueltas la teoría de que Bansky es en realidad Thiérry Guetta (o Mr Brainwash como se hace llamar en el mundo del arte) y el objetivo del documental fue mostrar los mecanismos y limitaciones del campo de producción artístico. La otra es que cuando Fabián Casas recibió en Alemania el premio Anna Seghers leyó un texto breve donde, con ejemplos y argumentaciones, decía que la invisibilidad es un don.
(Revista Crisis N°6)