La economía en si misma es una ciencia positivista. Surge en un momento de la historia en que la forma de percibir la realidad era a partir de totalidades y se pensaba que el progreso era indefinido, creciente y benigno. Por esto es que su forma de interpretar los sucesos que le rodean es a partir de un enfoque metódico que plantea un abanico de factores que se acoplan y funcionan mutuamente bajo una determinada cadencia. Tratemos de entender esto.


Un escocés con problemas sociales

Empecemos por el principio. A finales del siglo XVIII el filósofo Adam Smith publica el libro La riqueza de las naciones, donde teoriza y conceptualiza sistemas interpretativos que ya venían dando vueltas desde la edad media, como el mercantilismo y la fisiocracia. En este libro plantea desde una perspectiva cientificista cómo es que se acumula el capital, que diferencia hay entre el valor de cambio y el valor de uso, cuál es la división del trabajo, que es la renta y, fundamentalmente, plantea el concepto que se va a convertir en el eje del análisis teórico-económico de las realidad política: La mano invisible. Este concepto propone que la acumulación de  riquezas de los estados y su fluctuación con respecto a ganancias y pérdidas y compras y ventas, esta regido por leyes de orden natural. Por lo cual el Estado, como órgano administrador, debe mantenerse alejado del movimiento que estas leyes generan y funcionar como un árbitro que garantiza el cumplimiento de las reglas para que todo siga su dirección impuesta. Cualquier intervención que cruce la línea de ese rol estaría atentando contra un sistema natural que tiende al equilibrio.

 Bien, con este libro nace la ciencia que conocemos como economía. Entre su autor, un muchacho escocés con problemas sociales en la adolescencia, y nuestro sistema de compras online por Internet tenemos miles de teóricos de todos los países, idelogías y religiones, dedicados al estudio de la economía como una de las grandes problemáticas políticas y sociales del mundo moderno. Teóricos que proponen diferentes formas de abordar esta perspectiva incluso oponiéndose al este sistema de acumulación natural como el marxismo y todas sus variadas metástasis. Pero, pese a todos los siglos que pasaron en donde la humanidad dio cada vez una mayor aceleración a su progreso científico, la idea de mano invisible benéfica  para los Estados, y por lo tanto para las personas, siempre estuvo como una figura instalada en el inconciente colectivo de la economía política hasta principios de este siglo en el que las leyes naturales de acumulación colapsaron.


La economía y la guerra

Bajo este precepto, por lo menos para lo que llamamos mundo occidental, todo funcionó muy bien. Y en tanto la maquinaria se mantuviera en movimiento la cosa seguiría rigiéndose tal como había sido planteada por Smith.

Primera conclusión: lo que llamamos economía clásica se basa en un solo principio: La economía tiende a auto regularse. Si le permitimos a la oferta y demanda de los mercados la autonomía necesaria, la economía por si misma va a establecer parámetros de equilibrio y va a conseguir la bendita acumulación como resultado.

Con variables tan permanentes y claras es posible hacer predicciones, y por lo tanto planificaciones, a partir del rumbo de la economía. Esta fue la misión de los economistas y estadistas que siguieron después de Smith a través de las diferentes escuelas económicas que fueron apareciendo. Pero, entrado el siglo veinte, empezaron a pasar cosas raras.

Así como actualmente en los países donde el servicio militar es obligatorio es considerado como un rito de iniciación fundamental que transforma a niños en hombres, a finales del siglo XIX y principios del XX, se veían las mismas propiedades en la práctica de la guerra cuerpo a cuerpo. Lamentablemente el progreso siempre fue más rápido que la capacidad de comprensión del hombre y la primera guerra mundial fue una prueba determinante de esto. La tecnología había elaborado armas cuyo nivel de destrucción fue mucho más allá que la imaginación más oscura y pesimista de los soldados. La guerra a partir de entonces se convirtió en otra cosa. Como resultado el mundo occidental de las pos guerra tuvo una depresión tal, que diez años después del fin de la guerra se desencadenó la primera crisis del sistema financiero redundantemente llamada La gran depresión. Se ocasionó por la caída de la bolsa de Estados Unidos un martes 29 de octubre de 1929 y generó un efecto en cadena por todo el mundo. ¿Pero que fue realmente la crisis del 29’? Un llamado de atención. El gran endeudamiento genero desconfianza, la desconfianza tiró la bolsa de valores por una ventana.

Segunda conclusión: el endeudamiento es la droga de la economía clásica.   

Esta recopilación de aventuras de la economía junto a la humanidad tiene más sorpresas. Solo recuerden la historia: Guerra civil española, Segunda guerra mundial, Guerra de Corea,  Guerra Zuez Sinaí, Guerra fría, Guerra de Vietnam, Guerra del Yom Kipur, Guerra Irán Irak, Guerra del Golfo Pérsico, Guerra de Balcanes, Guerra de Irak. La guerra es un factor determinante de la economía. No solo a nivel conquista de tierras y con esta de beneficios, si no a nivel destrucción, endeudamiento, mecanismos que no hacen más que seguir haciendo girar a la rueda de la economía.

Tercera conclusión: Las guerras generan crisis económicas.


La fuerza inestable del agotamiento

Ahora detengámonos en las últimas dos décadas del siglo XX. Tal como lo demostró el listado de guerras anterior, a lo largo de todo el siglo Estados Unidos es una potencia económica que decide el destino de la economía y la política mundial. A finales de la década del sesenta gana una gran batalla contra el comunismo soviético al poner un hombre en la luna y finalmente en 1989 se consolida como imperio con la Perestroika y el fin del comunismo en Rusia y Europa el este.

 La década del noventa  iniciada por Bush padre y pulida y terminada por Bill Clinton fue una década revisionista. Si todas las guerras y enfrentamientos del siglo nos hicieron olvidar de los pilares de la economía clásica, la década del noventa los hizo explotar con una nueva etapa superadora de la economía: el neoliberalismo. La súper acumulación o acumulación salvaje.  El viejo Adam Smith volvió con su mano invisible a evangelizar las tierras del capital. Todo funcionaba de forma más expansiva y más velóz. Más intercambio, más armas, más guerra, más capital, más mercados. Todo muy lindo hasta el once septiembre del 2001 cuando dos Boeing demolieron las Twin Towers en el Word Trade Center de New York. Esto generó en un primer momento una brecha para marcar un punto límite del imperio Norteamericano. Los mostró vulnerables, predecibles y codiciosos. Y por otro fue el primero de una seguidilla de acontecimientos que enrarecería el clima para la historia y la economía.

Cuarta conclusión: un día cualquiera algo que viene del cielo puede arruinarte todo.


Estados Unidos se resfría y todo el mundo estornuda

Dicho todo esto, centrémonos en lo importante. La economía hoy en día. Pero para eso, hagamos el mismo procedimiento que en los párrafos anteriores y analicemos algunos hechos aislados de la última década.

 Durante la primera mitad de la década la economía se mostró inestable con los precios con fluctuaciones impredecibles y con procedimientos y combinaciones de factores nunca antes pensados. La soja de disparaba, el petróleo se disparaba, el dólar se devaluaba, el mercado chino destruía las producciones locales, endeudamiento, más de lo mismo.

En el 2008 llega  a Estados Unidos una crisis financiera que fue producto de (si, otra vez) el endeudamiento, más el crédito hipotecario desmedido, el aumento del precio del petróleo y el notable incremento de las economías del Este. Del mismo modo que en la Gran depresión se expandió por todo el mundo y aún hoy siguen las secuelas.

 Pregunta número uno: ¿Alguien pensó en la posibilidad de esta crisis? Si. Varios economistas dijeron que la dinámica del crédito hipotecario probablemente generara intereses impagables. Pero nadie los pensó en el marco contextual que sucedió. La otra pregunta es: ¿Por qué no afectó la crisis a los países latinoamericanos como a los europeos? Bueno, hay varias teorías. La más fuerte es porque no son desarrollados. Es decir su economía depende de la explotación de los recursos naturales. En cambio los países desarrollados tienen sistemas financieros que construyen edificios teóricos de capital. Si tomamos como ejemplo la crisis argentina del 2001 podemos ver en los índices del Producto Bruto Interno un crecimiento voraz a lo largo de cinco años de recuperación económica. Esto fue posible porque Argentina tiene mucha tierra y su economía es agroexportadora. Entonces solo hay que sembrar y darle de comer a las vacas. Lo demás se hace solo. En cambio si tomamos por ejemplo la crisis actual de Inglaterra, se trata de una crisis fundada sobre capital teórico. Finanzas. Y su forma de recuperación solo pasa por ese ejercicio porque es, precisamente, lo que hace funcionar la economía inglesa, el mundo financiero. No tiene recursos naturales para explotar.


Entropía

La entropía es un concepto que se desprende de la termodinámica que es una rama de la física. Su razón de ser es ponerle nombre al factor de imprevisibilidad que tienen algunos acontecimientos en la física. Por qué algunas cosas se dan de un modo y no de otro.

 El doce de enero del año pasado a las 16:53 de la tarde a 15km de Puerto Príncipe una falla submarina de las placas tectónicas provocó un terremoto de 7 grados en la escala de Richter que devasto todo el territorio convirtiendo a Haití, luego de esta catástrofe, en el país más pobre del mundo.  Brasil pierde vidas y millones de dólares en inundaciones, al igual que Australia y China. Chile sufre, una vez más, otro terremoto. Incendios en Estados Unidos, incendios en Australia, en Rusia. Valores que se van a las nubes por agentes que antes no los influenciaban. La economía pierde sus parámetros y sus seguridades y busca colaboradores. Ya quedó atrás la economía política, ahora tenemos la economía social, antropológica, geográfica, histórica.

 A partir del siglo XXI la economía que gozó en la última década del siglo pasado del esplendor de  la mano invisible smithiana, empieza a descreer de la existencia de una ley  natural que tiende al equilibrio económico de la oferta y demanda. Y se inclina a tratar determinar el valor de un factor entrópico que permita generar nuevos procedimientos de acumulación o, mejor dicho, de rentabilidad sea bajo la nominación que sea. 

 Última conclusión: Así como los autistas no pueden comunicarse porque el lenguaje humano está muy lejos de representar su realidad; la economía intenta explicar una realidad gastada y predecible que quedó en el pasado. Su nueva tarea no es predecir crisis, ni establecer parámetros. Su misión es buscar una nueva forma de analizar la realidad económica.     


(Revista The Gallery N°19) 

hace 1 año
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